Y el Social Media se volvió loco

En Octubre hará tres años que empecé a trabajar en el mundo del social media. Siempre digo que ser CM o Social Media lo-que-sea es un oficio como otro cualquiera, pese a que todos a los que les dices en que trabajas, te responden con un “hala, ¡Qué guay!”. Por norma general, ganamos poco, se nos exige mucho y en el fondo tenemos una gran responsabilidad. Al fin y al cabo, de nosotros/as depende la comunicación social de nuestros clientes. Hace tres años, las redes sociales aún no tenían el reconocimiento o respeto que tienen hoy. Era casi un experimento. De ahí que los CMs estuviésemos vigilados con lupa, y el sistema de comunicación y de promoción de las marcas fuese el de la publicidad clásica.

En algún momento, todo esto cambió. Algún colega del sector se atrevió a mirar más allá de nuestra comunicación y se fijó que en América las cosas se hacían de otra manera. Eran más cercanos, informales, incluso se permitían algún que otra polémica con tal de llamar la atención de la gente.  Llegó una nueva hornada de CMs e implantaron un nuevo orden. Creo que el primer caso de  CM con éxito haciendo las cosas diferentes fue Carlos, el de @policia. Con sus tuits con un lenguaje más cercano, su forma de comunicar alejada de la seriedad y mediante algún tuit polémico, la policía nacional pasó de ser un cuerpo de seguridad más a ser el segundo más seguido en redes sociales, sólo por detrás del FBI. Y todo gracias a una estrategia diferente, gestionada por un CM que eligió usar otras nuevas normas.

A partir de aquí se da un antes y un después. Se apuesta por un perfil de CM más gracioso, más ácido incluso. Pasamos de los clichés habituales y los CM dejan de ser comunicadores para convertirse en auténticos tuitstars. Las marcas ven que gracias a estas acciones pueden crecer en redes sociales, y eso les puede generar más dinero. Apuestan por esa comunicación y de la noche a la mañana nos encontramos un nuevo panorama. Ahora las marcas se pican entre sí, o hacen bromas o hasta se meten entre si. Hablo de la ruka, por poner un ejemplo.

Al principio me parecía algo gracioso, diferente y fresco. Podría decirse que hasta sentía envidia por esos CM a los que sus clientes les dejan hacer de todo. Sin embargo, con el tiempo he ido cansándome de este movimiento hasta llegar a hoy, día en el que empieza a cansar ciertas estrellas del gremio. Me he cansado de los piques entre varias marcas que resultan “hermanas”, puesto que son gestionadas por la misma agencia. Me he aburrido de los guiños de las marcas hacia los tuitstars, llegando a un punto en el que todo vale.


No creo que esto sea necesario. Entiendo que la comunicación en los primeros días del Social Media estaba obsoleta y chirriaba, pero esto me resulta cansino. Las marcas han cambiado la fama por el pueblo. Han comprobado que hay gente anónima, o mejor dicho, fuera del mundo del famoseo que puede ayudarles a vender mucho, a un precio irrisorio. Que un youtuber o tuitstar les puede dar tanta visibilidad como un famosillo de medio pelo, y todo por cuatro pesetas. A veces, por cuatro cervezas. Probablemente, esto haya ocurrido porque todo se queda en casa. Porque muchos profesionales del sector son eso, tuitstars. Porque conocen bien el medio en el que se mueven y saben que su pandilla les puede echar un cable considerable.

No es una crítica hacia la nueva comunicación. En mas de una ocasión he hablado bien de este tipo de cuentas. A la cabeza me viene el caso Cumlouder, una web para adultos que supo moverse muy bien en redes sociales para darse mucha visibilidad. Sólo digo que me he aburrido de estas acciones. Porque las conozco, porque sé que muchas acaban convirtiéndose en formas de beneficiar a cuchipandis. Porque veo que en apenas un par de años, habrá grandes fichajes de CMs, y para mí, un buen profesional del social media es aquel que pasa desapercibido mientras su marca se hace grande. Y lo hace por hechos propios, no por tener que montar teatrillos. Si me quiero reir o llorar, voy al cine o al teatro, no veo cómo una marca se hace la guay para ganar mi follow.

Probando Las Fritas (Bilbao)

Bilbao, mediados de agosto. Una tarde calurosa de las de verdad. Estoy dándome una vuelta por la parte vieja para alejarme del sol. Entro en una tienda y me compro una botellita de agua. La dependienta me avisa que son dos por un euro, pero le digo que con una me vale. Su compañero, muy amable, me acerca otra diciendo “nunca está de más llevar una botella extra en la mochila”. Le hago caso y esa botella acaba en mi mochila. Creí que no la iba a necesitar, pero eso fue antes de conocer Las Fritas.

Poco después de las cinco de la tarde, pasé por la calle de la Cruz y me encontré con un pequeño local en el que sólo vendían patatas fritas.  Pasé de largo no sin echarle una mirada y hacerle una foto para cantarle las cuarenta a Bori. Mira que no avisarme de esto. Total, que para una vez que encuentro un sitio especializado en patatas fritas, no podía resistirme a probarlo. Así que pese al calor y pese a la hora, me acerqué a Las Fritas con ganas de testarlo. Read more

Ya sé montar en bicicleta

Hacía tiempo que no escribía un post personal en el blog. Es cierto que ya casi apenas escribo en él, y casi todos los posts suelen ser sobre política u opinión, pero hoy necesitaba escribir sobre mí. Diario de un píxel siempre ha sido una pequeña autobiografía, y el suceso de ayer merece estar presente en este blog. Después de 29 años y 7 meses puedo decir que sé montar en bicicleta. Sí, has leído bien, he aprendido con casi 30 años.

Siendo un niño intenté aprender en varias ocasiones, pero una caída tonta hizo que le cogiese pánico a estos maravillosos medios de transporte. Desde hace un tiempo le estaba dando vueltas a volver a intentarlo, pero cierta vergüenza me lo impedía. A veces el destino te da la oportunidad de hacer las cosas a tu gusto, y esta vez fue así. La nave industrial de mi padre está vacía ya que está a la venta, y ha sido un magnífico sitio en el que aprender sin miedo a pasar vergüenza alguna.

Como hago con todo, busqué en internet trucos o consejos para aprender a montar en bicicleta. Leí algunos blogs, eché un vistazo a varios vídeos y me lancé. Mi padre preparó una pequeña bicicleta plegable Torrot que había por el taller y me puse manos a la obra. El primer día, simplemente bajé un poco el sillín y quité los pedales de la bici. La primera lección fue impulsarme con los pies e intentar mantener el equilibrio. En 30 minutos vi que mas o menos iba cogiendo cierta estabilidad. Me fui a casa pensando que iba a estar tirado.

El segundo día, repetí la misma lección y vi que en efecto, más o menos seguía igual. Fui osado y monté los pedales y bueno, no conseguí dar dos veces seguidas a los pedales. Mi gozo en un pozo, de sentirme Indurain pasé a ser un jodido fracasado. Quité los pedales y decidí volver a empezar. Esta vez seguiría los consejos de alguien. Me encontré este blog y decidí seguir su plan de aprendizaje. Bajé más el sillín y en una hora, me daba impulso y me mantenía en equilibrio durante varios segundos. Incluso colocaba los pies sobre el cuadro y hasta tomaba curvas muy abiertas. Me fui a casa pensando que ya estaba a punto de lograrlo.

Una semana después, volví a coger la bicicleta. Hice dos o tres pruebas y comprobé que todo iba genial. Le dije a mi padre que quizás era el momento de colocarle los pedales.  Él no lo veía así, en parte porque tenía miedo a verme fracasar y tirar la toalla. Le demostré que sabía guardar el equilibrio y me dio la razón. Pusimos los pedales, me subí a la bicicleta, me di impulso… y pedaleé.  Di una vuela a la nave sin problemas. Bueno, es cierto que me costó coger el primer impulso, parar y mantenerme firme al 100%, pero durante un minuto, la bicicleta y yo ya fuimos uno.

Tras varios paseos cortos dentro de la nave, le pregunté a mi padre “¿Esto significa que se andar en bicicleta?” a lo que me contestó “Te queda algo que aprender, pero si, ya sabes”. En ese momento, simplemente fui muy feliz. Había conseguido sacar adelante un proyecto que me apetecía sacar adelante. Fui feliz porque había aprendido a andar en bicicleta, pero también por la sonrisa tonta de mi padre.

Así que dicho queda, ya sé mantenerme en la bicicleta. Prometí que en caso de aprender, restauraría esa antigua bici plegable. Ayer la bauticé como Pasionaria, porque es vieja y roja. Presiento que en breve recibirá un nuevo sillín, nuevos puños, una luz nueva y algunas cositas más. Creo que se lo merece por haber sido oficialmente mi primera bicicleta.

Y aprovecho para agradecer todas vuestras muestras de cariño y ánimo durante este proceso. Sois muchas las personas que me animasteis a hacerlo y que me apoyasteis durante estos días. ¡Gracias de corazón!

¿Deporte y politiqué?

Aún era un mocoso cuando escuché la primera vez esa frase hecha de “El deporte no es ni debe ser política”. Técnicamente, el deporte no deja de ser una actividad física y saludable que, llevada a ciertos niveles de competición, despierta la competitividad de la gente. Y este espíritu de competir entre nosotros nos ha llevado a elevar el deprote a las nuevas batallas y guerras sin (casi) sangre de nuestra sociedad. El deporte se ha convertido en un instrumento político, capaz de lanzar mensajes victoriosos a países antagónicos. ¿O nadie se acuerda ya del milagro sobre hielo del 80?

El deporte ha acabado siendo política gracias a todas las partes involucradas. Los aficionados han ido llenando las gradas de toda clase de símbolos políticos, las selecciones nacionales han potenciado el espíritu nacionalista con el objetivo de generar más afición hacia ellas. ¿Y los futbolistas? ¿Nadie recuerda alguno de ellos celebrando un título luciendo su enseña nacional? Las celebraciones de la final de Champions es un crisol de banderas. El deporte sólo es deporte cuando se práctica por afición. El de alta competición no es deporte, sino negocio, además de un instrumento político. Por eso, cada vez que una persona dice que el deporte sólo es eso, deporte, suelto una carcajada.

"Hooligans gegen Salafisten" und Gegenprotest in Hannover

Este tema está de moda gracias a que varias decenas de miles de personas, en un acto de pluralismo ideológico en un país democrático, pitaron el himno nacional. Ojo, entre los que pitaron dicho himno no se encontraba ningún jugador ni representante oficial de los clubes afectados. Sin embargo, los tribunales deportivos van a sancionar a las instituciones afectadas. Resulta estúpido, puesto que poco o nada podía hacer un club en esa situación. ¿Voy a tener que silenciar a mi afición, a pedirle que no se exprese de forma democrática? El mero hecho de pedir respeto hacia un himno o bandera dentro de una celebración deportiva me parece algo contradictorio si después se castiga la politización del evento.

Y ya, si lo habíamos visto casi todo, llega Nuno Silva, jugador del Jaén CF y se presenta con una camiseta con la cara de Franco en un acto oficial. Además de los memes que se han ido viendo con su camiseta y del amplio conocimiento de nombres de dictadores que hay en Twitter, se ha generado cierto debate sobre si esto es o no política, o si es o no lícito presentarse así delante de las cámaras.

Está claro que no podemos separar deporte y política, y también parece claro que los sentimientos nacionalistas, patrióticos e ideológicos aplicados al deporte acaban mal. ¿Qué podemos hacer? ¿Multamos el derecho a la pluralidad? ¿Ilegalizamos las selecciones nacionales? todas esas acciones acabarían siendo un fracaso, como poner puertas al campo. Por muchas multas que puedan poner al Barcelona, al Athletic o al Langreo, sus aficiones tendrán derecho a hablar, y probablemente lo hagan. Y pese a que el club pida por activa y por pasiva que no lo hagan y reciba más sanciones por ello, la justicia demostrará que ha fracasado. Debemos exigir respeto, de la misma forma que debemos entender que no todos/as van a pensar de la misma forma.

Algún día me gustaría que reflexionásemos acerca del hecho de pitar un himno y llegásemos a entender el por qué se ha llegado a eso. Pero me temo que exijo mucho a una sociedad que ha concedido ese don a quienes le gobiernan. Y así nos va.

Cuesta imaginárselo, eh

Imagina una fundación que apoyase la figura histórica de un líder totalitarista. Una fundación Adolf Hitler o una asociación de admiradores de Idi Amin. Impensable en el siglo XXI y en un país democrático y serio, ¿Eh? ahora imagina que eso es posible, que en España exista algo así. Ahora imagina otra cosa, una fundación que apoyase un alzamiento contra la estructura democrática del país. Lo mismo hay alguien que me dice “eso va a ocurrir en Cataluña y pronto entrará la ley para hacer que no sea posible”. Ahora imagínate que la ley no hace nada, y es más, lleva 39 años así.

¿Quieres vivir con alguien que permita eso? No imagines y digiere esto: todo lo que te he contado existe, por desgracia, en nuestro país. Quita a Hitler y pon a Francisco Franco, quita a Cataluña y pon un alzamiento militar como el de 1936 y tendrás frente a ti el ejemplo: la fundacion nacional Francisco Franco.

Cuesta creerlo, pero es verdad. En su web dejan claro que son una asociación cultural en torno a la figura del caudillo, y que no reciben ningún tipo de subvención pública. Puede que esto sea verdad hoy, en 2015, pero hace un lustro, las cosas eran diferentes. Gente que apoya públicamente la figura de un líder antidemocrático, amén de un listado de palabras esdrújulas que daría miedo.

Cosas como ésta me ayudan a pensar que quizás, y digo quizás, no se hayan hecho bien los deberes en materia de memoria histórica. No tiraré del recurso de meterme con la transición. Tampoco apoyaré a quienes tiran del “En esos momentos, lo mejor era asegurar unos mínimos y en el futuro ya se fortalecerían nuestros intereses”. Han pasado 76 años desde el final de la guerra que dividió a nuestro país y desde entonces, pocas cosas y lo peor, pocas personas o entidades han luchado por unir a las dos partes en una sola. Nadie ha querido perder, ni entonar el mea culpa. Los extremos han ganado, y han conseguido que tres cuartos de siglo después, aun siga habiendo  restos de sus errores.

Todo apuntaba a un cambio con el Gobierno de Zapatero. Quiso sacar los trapos sucios, airearlos, demostrar que las cosas se hicieron mal, buscar un perdón y hacer una nueva España, una en la que no existiesen más fosas comunes. Pero parece ser que esto no gustó a todos, o que quizás los que hicieron todo lo posible por acabar con dicha ley, no les interesase que ésta viese la luz. Estas acciones no han hecho mas que meter palos en las ruedas de la sociedad española. No ayuda que un partido fundado por miembros de anteriores gobiernos no democráticos tiren abajo esa ley de Memoria histórica. Claro, tampoco ayuda que un ministro en 2015 diga que en realidad, en España hubo víctimas si, pero eran menos muertos que en la Alemania nazi, así que tampoco hay que exagerar. ¿Te imaginas a un dirigente abertzale diciendo que en realidad hubo más muertos en la guerra civil que por ETA y por lo tanto no hay que pasarse? Repugnante, ¿Verdad? ponte en a piel de ese hombre o mujer que con 80 o 90 años tiene que escuchar que su familiar murió pero oye, mala suerte, haber salido facha.

Voy a dejar de imaginar, porque me estoy empezando a poner malo.

Un deporte de hombres muy hombres

Nada más acabar de comer, me he sentado en el sofá, he tirado de Twitter y me he quedado sorprendido ante la noticia futbolística del día en España. El Rayo Vallecano vestirá el año que viene dos equipaciones alterntivas en las que estará presente tanto el lazo rosa contra el cáncer de mamá como la bandera arco iris del movimiento LGBT.

Espera, ¿Estamos hablando de fútbol? ¿Ese deporte de machos alfa en el que parece que nunca ha jugado un gay salvo en contadísimas ocasiones? Eso parece. El Rayo es uno de esos equipos de barrio, muy ligado a su gente, a su entorno. Es un equipo “obrero”, de la clase trabajadora. Quizás por eso entienda de cerca lo que le ocurre a ésta.  Ha querido dar visibilidad a una serie de problemas que padece su gente, y lo ha hecho como ha podido. No tienen muchos recursos, pero les ha sobrado corazón para hacerlos. A partir de este año, por cada abono, el Rayo destinará de 1 a 8 euros a ayudar a diferentes asociaciones. Y más allá de todo esto, dará visibilidad a dos causas nobles y justas: la concienciación por la igualdad y el cáncer.

Algunos dirán que es populismo, y otros que es una magnífica campaña de marketing. El caso es que el Rayo encontrará muchas críticas en nuestro país. Claro,  hablamos de un país en el que la gente se metía con un club porque llevaba publicidad de Unicef. ¡Qué barbaridad! hacer apología de la solidaridad. Estos independentistas catalanes no tienen remedio. Sin embargo, el Rayo se ha ganado hoy el respeto de buena parte de la sociedad. Ha ganado simpatizantes sin necesidad de desprenderse de su identidad deportiva. La camiseta mantendrá el escudo que ha contemplado 91 años de historia, y en el frente lucirá la publicidad de su patrocinador. Bajo éstas, sólo el negro y el arco iris.

Habrá quien diga que esto es politizar el fútbol. Seguro que hay quien diga una mamarrachada de ese calibre. O quien dirá que estas acciones son innecesarias, y ahí es cuando me reiré. Porque en un mundo en el que un buen porcentaje de la población es homosexual, el deporte profesional es un terreno prohibido para ellos/as. Piensa en la cantidad de deportistas homosexuales que conoces, y la lista será muy, muy corta.

Claro, alguno podría decirme que tampoco están obligados a declararlo, que tampoco van a ir pavoneandose por el campo declarando su sexualidad a los cuatro costados, pero hay que reconocer que la presión mediática sería inmensa. ¿Os imagináis a una superestrella declarándose gay? Aun en el caso de tener una aceptación social, la prensa no pararía de sacar noticias sobre él. Más allá del sensacionalismo, las revistas o periódicos se llenarían de artículos en los que explicarían cómo es la vida del primer balón de oro gay, o cómo es vivir con la presión de ello. O quizás no, pero entiendo que muchas personas no quieran exponerse a esa presión mediática sólo por tener una sexualidad diferente. Y no he querido hablar de las presiones, del rechazo que podrían llegar a encontrar en una parte de nuestra sociedad. O de esas empresas que quizás quieran retirar sus patrocinios.

Sea como fuere, el caso es que el Rayo ha tenido un detalle con una parte de la sociedad que hasta ahora se ha sentido muy excluida. Un detalle que no ha tenido ningún grande de nuestro fútbol. Pero claro, esto ya es otro tema.

Y ahora, Amnistía Internacional

Hace unos días disfruté de unas mini vacaciones en Madrid. Como siempre, mi alojamiento estaba situado en Malasaña, lo que hace que pase muchas veces por la calle Fuencarral y bum, sea el objetivo de casi todos los reclutadores de ONGs. Cariñosamente, siempre he llamado “Carpetas” a estos chicos y chicas, y en más de una ocasión me he parado a escucharlos única y exclusivamente para comprobar qué tipo de técnicas de venta usan. Al menos dos lo han sabido hacer tan bien que se lo he dicho y he acabado siendo socio de sus organizaciones. Otros lo han intentado, y en la mayoría de casos, pese a no captarme, al menos les doy algo de visibilidad en Redes Sociales. En algún caso me han apuntado para informarme de acciones puntuales. Por norma general, es gente muy maja.

Bueno, que se me ha ido el santo al cielo. El caso es que iba paseando por Fuencarral y me paró una carpeta. Muy maja, se presentó y me pidió un minuto. Era un lunes por la mañana, estaba aburrido y no tenía nada mejor que hacer, y como me apetecía hablar con alguien, dije: “venga, habla”. Esta chica se llama Marisa y me habló de Amnistía Internacional. Reconozco que apenas sabía algo de esta organización hasta la fecha. Esta chica fue encantadora y me explicó, sin querer venderme humo ni motos, a qué se dedicaban.

No me acabó de convencer, pero hizo bien su trabajo. Captó mi interés y mi atención a base de una conversación sincera y simple. Su mensaje me llegó de forma retardada. Le prometí que escribiría sobre ello, y aquí estoy. He leído durante varios días un buen puñado de referencias acerca de Amnistía Internacional. Me ha sorprendido lo que me he encontrado y así como un día dije que acabaría apoyando de forma regular a Acnur y lo hice, acabaré en la misma situación con Amnistía Internacional.

Marisa es el ejemplo de esas personas que casi sin quererlo, plantan una semilla de curiosidad en tu vida. Me ocurrió algo muy similar con el gran Gámez y la divulgación. Doy gracias por encontrarme con gente así. Gente que me incita a saber más, que despierta mi curiosidad. No diré que me hacen ser mejor, pero si más informado. Lo dicho, gracias por ello.

Y a vosotros/as, os invito a que os informéis sobre Amnistía Internacional. Y en la medida que os sea posible, colaborad  para que este mundo sea un sitio mejor. Un abrazo, mundo.

¡Estrenando Podcast!

Desde hace unos meses, soy poseedor de un pequeño estudio casero para grabar podcasts. Es una mesa pequeñita y unos miscros con sus peanas, suficiente para hacer algo que suene bien. Por desgracia, no había tenido la oportunidad hasta esta semana pasada de grabar algo decente. Por otro lado, mi amiga Ana y yo llevábamos tiempo trabajando la idea de montar un podcast sobre nuestras idas de olla. Ya lo intentamos hace un tiempo y bueno, por ahí andará la grabación. La semana pasada estuve por Madrid y pudimos grabar juntos el programa piloto de nuestro podcast Bobby Farell que estás en los cielos.

¿De qué va el podcast? Somos dos cabras locas, dos mentes cafres analizando los temas que nos ponen los oyentes o amigos/as de Twitter. Cogemos un tema, lo destripamos, decimos alguna tontunada y alguna brutalidad y p’alante. Además, nos gusta dar alguna que otra recomendación, ya sea musical o de lectura, y completamos el programa con una selección de (buena) música.

En este primer programa hemos tocado dos temas bastante interesantes. Por un lado, hablamos del coño (con perdón) de Leticia Sabater, mientras que la segunda parte del programa va sobre Twitter y lo gilipollas que nos llegamos a convertir. Una hora de buen rollito y alguna que otra risotada. Ideal para hacerte compañía.

¿Te apetece escucharnos? ¡Dentro audio!

Foto: Erwin Winkelman 

Y ahora, qué

el 24M ya es historia. Después de meses de pre-campaña, de 15 días de campaña, de una jornada de reflexión y un puñado de sondeos, este país ya tiene nuevos gobiernos locales, regionales y autonómicos. Después de mucho tiempo, el pueblo ha votado más allá del A, B o C habitual. Se hablaba de un tiempo nuevo, de un cambio en la democracia española. Se han dicho muchas cosas, y no todas han ocurrido.

Es cierto que hoy España es más plural. Donde antes había tres colores hoy hay 5 o 6. Es cierto que las nuevas formaciones basadas en la ciudadanía hacen acto de presencia en innumerables plazas políticas. Algunas irrupciones son tan sorprendentes como las de Ada Colau o Manuela Carmena. Es cierto que ese cambio que se esperaba no ha sido tan gigante como algunos han querido, pero la España del 25 de mayo es más plural. Mejor dicho, la representación política española es más plural.

Las mayorías absolutas han desaparecido en casi todo el territorio. Los ayuntamientos y Gobiernos de hoy necesitarán del entendimiento entre dos o tres para salir adelante. Es el tiempo del pacto, del entendimiento. Aquí está el verdadero cambio del 24M. Por primera vez nos encontramos un panorama político en el que casi todos tendrán que dialogar y llegar a puntos intermedios para sacar adelante los gobiernos. Y aquí, amigos y amigas, es donde veo el mayor problema de esta situación.

Como bien apuntaba mi amigo Esteban, muchos egos tendrán que aprender a negociar porque no les va a quedar otra. Y como bien apunta, alguno acabará implosionando o algo. Porque si hay algo que me lleva a la reflexión es la capacidad de nuestros políticos para llegar a pactos. En algunos casos, porque se toma la política como si de un juego se tratase en el que o se gana o se deben pedir medidas drásticas. Ni la política es fútbol, ni debe tener el funcionamiento de éste.

Por otro lado, tenemos el miedo a los pactos. Muchos temen que un pacto les pase factura sin pensar en que quizás le convenga a su ciudad, a su región o a su provincia. Habrá quienes, por miedo a sufrir cambios dentro de unos meses, no se mojen, y generen situaciones políticas en las que sólo habrá unos perdedores: sus votantes y, ante todo, las personas a las que representan.

Llega el tiempo del cambio, pero de un cambio que tampoco muchos contemplaban. Es el momento de aceptar que en la política se puede gobernar más allá de las mayorías absolutas. El momento de demostrar que los políticos saben debatir y negociar más allá de las políticas o de los negocios oscuros. Llega la hora de demostrar la madurez política que muchos partidos dicen tener. La hora de echarle cojones y posicionarse, del dialogo y de demostrar que se puede hacer política y se está dispuesto a ello.

Toca demostrar muchas cosas. Veremos quiénes están preparados/as para ello y quienes no. Ánimo, valientes.

Bien comunicado, Last Tour, pero…

Últimamente me estoy poniendo un poco tiquismiquis con la comunicación de las marcas en la red. Quizás sea culpa de mi trabajo, o que cada día me gusta más esta parte del mismo. Creo que hay cierto arte en la comunicación. No todo el mundo sabe llevar una comunicación correcta, y que me aspen si yo lo sé. Pero si que es cierto que me gusta analizar ciertos casos y en más de una ocasión suelo ponerlos como ejemplos de buenas o malas prácticas en charlas, cursos o el entorno que sea.

Hoy me gustaría hablar del Azkena Rock Festival. Es MI festival. Bueno, ya me gustaría, pero si que es cierto que es el festival al que más cariño guardo. Es un evento musical que desde 2002 ha puesto a Vitoria entre los referentes festivaleros de la península. Su momento TOP fue a comienzos de esta década, con nombres con un peso importante como pueden ser Pearl Jam, The Black Crowes, Kiss o Bob Dylan. Más allá de los nombres mediáticos, el Azkena siempre ha apostado por bandas que, pese a no contar con el respaldo del gran público, tienen un reconocimiento profesional considerable. Me gusta definirlo como un festival rockero con puntito delicatessen. Para los gourmet del mundillo rock.

La crisis, la falta de inversión, de patrocinadores,… lo que sea hizo que el cartel perdiese peso mediático. Pasamos de ediciones de tres días a dos, y ya no había tanto peso pesado en los carteles. Esto no empeoraba la calidad musical, sólo no ayuda a atraer más público. Pese a todo, el Azkena Rock Festival ha seguido en pie. Mucha gente ha criticado que Last Tour, organizadora del evento, no mimaba tanto a éste como a su otro hermano, el Bilbao BBK Live.

Al lío, sus problemas de comunicación

Junto con esta bajada de pesos pesados en el cartel, el festival también ha sufrido ciertos problemas de comunicación con su público. En varias de las últimas dos o tres ediciones, hemos sentido como si la organización tuviese cierta dejadez, tardando en confirmar bandas, cerrando el cartel tarde y mal y además sin apenas dar explicaciones. Si has pedido un Scalextric y los Reyes te traen un puzzle, es normal que estés algo picado. Si además mamá y papá no te miman, tu cabreo aumenta. Eso nos pasó a los/as azkeneros/as en los últimos años.

Este año, no sé si hubo cambios internos o no, las cosas dieron un vuelco. En pleno otoño conocimos que una banda mítica como ZZ Top iba a venir al Azkena. La organización nos llenó de ilusión. Llegaron las vacaciones y el Azkena tenía ya una forma considerable, con muy buena pinta. Last Tour no se escondía y hablaba con sus seguidores. No esperaron al último momento. Hacían concursos, informaban de novedades,… las cosas pintaban muchísimo mejor. Se podría hacer mejor o peor, pero se estaba haciendo bien.

Marrón para cerrar el cartel: sinceridad por bandera

Hace unas horas se mascaba la tragedia, o bueno, nos temíamos una noticia que ya se había comentado en el blog. Mastodon se convertía en cabeza de cartel del sábado. Pese a ser el segundo, las circunstancias han hecho que así sea. Mucha gente parecía estar viviendo un deja vu con esta edición. Sabías que esta acción, hicieses lo que hicieses, iba a ser criticada, pero en base a cómo comunicases los hechos, quizás no alimentarías a los trolls o al sector más agresivo de los críticos.

Hoy la organización me ha sorprendido con una práctica que me encanta. ¿Que tienes un marrón y no es problema tuyo? Sinceridad, lo primero es ser sincero con tu gente. Han salido, han explicado lo que había y han dado las razones que han llevado a la construcción de este cartel para el sábado. Han dado explicaciones hasta donde han podido, estaba claro que no podían dar nombres de bandas que han dicho no, pero si que han ofrecido a sus clientes los motivos del cierre no deseado.

¿Ha habido críticas? Desde luego. ¿Estas críticas han sido duras? Alguna si, pero las que menos. La gran mayoría ha sabido responder la sinceridad de Last Tour con criticas clásicas de “a ver si rasco algo para que la cosa me salga más barata”. Picaresca o no, el caso es que la sinceridad es algo que aprecia el cliente. No hay que vender humo, sino hechos. Mis experiencias siendo sinceros, publicando comunicados dando explicaciones siempre han sido positvos. Lo raro es que no mucha gente lo haga.

Sólo puedo criticar una cosa, y es que tras el comunicado en Facebook, su equipo ha respondido a casi todos los que han opinado, que no me parece mal, pero si que he detectado cierta agresividad. Las técnicas de venta agresiva pueden o no servir para dar explicaciones. Creo que en algunos casos se han excedido a valorar las opiniones y quizás haya faltado algo de autocrítica en algún caso, pero como ya os digo, esto son cosas de un tiquismiquis.

Lo importante, para mí, es que esta empresa ha comprendido que la transparencia y la sinceridad aportan confianza en el cliente, lo cual repercute positivamente en su marca. ¡Buen trabajo!