¿Deporte y politiqué?

Aún era un mocoso cuando escuché la primera vez esa frase hecha de “El deporte no es ni debe ser política”. Técnicamente, el deporte no deja de ser una actividad física y saludable que, llevada a ciertos niveles de competición, despierta la competitividad de la gente. Y este espíritu de competir entre nosotros nos ha llevado a elevar el deprote a las nuevas batallas y guerras sin (casi) sangre de nuestra sociedad. El deporte se ha convertido en un instrumento político, capaz de lanzar mensajes victoriosos a países antagónicos. ¿O nadie se acuerda ya del milagro sobre hielo del 80?

El deporte ha acabado siendo política gracias a todas las partes involucradas. Los aficionados han ido llenando las gradas de toda clase de símbolos políticos, las selecciones nacionales han potenciado el espíritu nacionalista con el objetivo de generar más afición hacia ellas. ¿Y los futbolistas? ¿Nadie recuerda alguno de ellos celebrando un título luciendo su enseña nacional? Las celebraciones de la final de Champions es un crisol de banderas. El deporte sólo es deporte cuando se práctica por afición. El de alta competición no es deporte, sino negocio, además de un instrumento político. Por eso, cada vez que una persona dice que el deporte sólo es eso, deporte, suelto una carcajada.

"Hooligans gegen Salafisten" und Gegenprotest in Hannover

Este tema está de moda gracias a que varias decenas de miles de personas, en un acto de pluralismo ideológico en un país democrático, pitaron el himno nacional. Ojo, entre los que pitaron dicho himno no se encontraba ningún jugador ni representante oficial de los clubes afectados. Sin embargo, los tribunales deportivos van a sancionar a las instituciones afectadas. Resulta estúpido, puesto que poco o nada podía hacer un club en esa situación. ¿Voy a tener que silenciar a mi afición, a pedirle que no se exprese de forma democrática? El mero hecho de pedir respeto hacia un himno o bandera dentro de una celebración deportiva me parece algo contradictorio si después se castiga la politización del evento.

Y ya, si lo habíamos visto casi todo, llega Nuno Silva, jugador del Jaén CF y se presenta con una camiseta con la cara de Franco en un acto oficial. Además de los memes que se han ido viendo con su camiseta y del amplio conocimiento de nombres de dictadores que hay en Twitter, se ha generado cierto debate sobre si esto es o no política, o si es o no lícito presentarse así delante de las cámaras.

Está claro que no podemos separar deporte y política, y también parece claro que los sentimientos nacionalistas, patrióticos e ideológicos aplicados al deporte acaban mal. ¿Qué podemos hacer? ¿Multamos el derecho a la pluralidad? ¿Ilegalizamos las selecciones nacionales? todas esas acciones acabarían siendo un fracaso, como poner puertas al campo. Por muchas multas que puedan poner al Barcelona, al Athletic o al Langreo, sus aficiones tendrán derecho a hablar, y probablemente lo hagan. Y pese a que el club pida por activa y por pasiva que no lo hagan y reciba más sanciones por ello, la justicia demostrará que ha fracasado. Debemos exigir respeto, de la misma forma que debemos entender que no todos/as van a pensar de la misma forma.

Algún día me gustaría que reflexionásemos acerca del hecho de pitar un himno y llegásemos a entender el por qué se ha llegado a eso. Pero me temo que exijo mucho a una sociedad que ha concedido ese don a quienes le gobiernan. Y así nos va.

Cuesta imaginárselo, eh

Imagina una fundación que apoyase la figura histórica de un líder totalitarista. Una fundación Adolf Hitler o una asociación de admiradores de Idi Amin. Impensable en el siglo XXI y en un país democrático y serio, ¿Eh? ahora imagina que eso es posible, que en España exista algo así. Ahora imagina otra cosa, una fundación que apoyase un alzamiento contra la estructura democrática del país. Lo mismo hay alguien que me dice “eso va a ocurrir en Cataluña y pronto entrará la ley para hacer que no sea posible”. Ahora imagínate que la ley no hace nada, y es más, lleva 39 años así.

¿Quieres vivir con alguien que permita eso? No imagines y digiere esto: todo lo que te he contado existe, por desgracia, en nuestro país. Quita a Hitler y pon a Francisco Franco, quita a Cataluña y pon un alzamiento militar como el de 1936 y tendrás frente a ti el ejemplo: la fundacion nacional Francisco Franco.

Cuesta creerlo, pero es verdad. En su web dejan claro que son una asociación cultural en torno a la figura del caudillo, y que no reciben ningún tipo de subvención pública. Puede que esto sea verdad hoy, en 2015, pero hace un lustro, las cosas eran diferentes. Gente que apoya públicamente la figura de un líder antidemocrático, amén de un listado de palabras esdrújulas que daría miedo.

Cosas como ésta me ayudan a pensar que quizás, y digo quizás, no se hayan hecho bien los deberes en materia de memoria histórica. No tiraré del recurso de meterme con la transición. Tampoco apoyaré a quienes tiran del “En esos momentos, lo mejor era asegurar unos mínimos y en el futuro ya se fortalecerían nuestros intereses”. Han pasado 76 años desde el final de la guerra que dividió a nuestro país y desde entonces, pocas cosas y lo peor, pocas personas o entidades han luchado por unir a las dos partes en una sola. Nadie ha querido perder, ni entonar el mea culpa. Los extremos han ganado, y han conseguido que tres cuartos de siglo después, aun siga habiendo  restos de sus errores.

Todo apuntaba a un cambio con el Gobierno de Zapatero. Quiso sacar los trapos sucios, airearlos, demostrar que las cosas se hicieron mal, buscar un perdón y hacer una nueva España, una en la que no existiesen más fosas comunes. Pero parece ser que esto no gustó a todos, o que quizás los que hicieron todo lo posible por acabar con dicha ley, no les interesase que ésta viese la luz. Estas acciones no han hecho mas que meter palos en las ruedas de la sociedad española. No ayuda que un partido fundado por miembros de anteriores gobiernos no democráticos tiren abajo esa ley de Memoria histórica. Claro, tampoco ayuda que un ministro en 2015 diga que en realidad, en España hubo víctimas si, pero eran menos muertos que en la Alemania nazi, así que tampoco hay que exagerar. ¿Te imaginas a un dirigente abertzale diciendo que en realidad hubo más muertos en la guerra civil que por ETA y por lo tanto no hay que pasarse? Repugnante, ¿Verdad? ponte en a piel de ese hombre o mujer que con 80 o 90 años tiene que escuchar que su familiar murió pero oye, mala suerte, haber salido facha.

Voy a dejar de imaginar, porque me estoy empezando a poner malo.

Un deporte de hombres muy hombres

Nada más acabar de comer, me he sentado en el sofá, he tirado de Twitter y me he quedado sorprendido ante la noticia futbolística del día en España. El Rayo Vallecano vestirá el año que viene dos equipaciones alterntivas en las que estará presente tanto el lazo rosa contra el cáncer de mamá como la bandera arco iris del movimiento LGBT.

Espera, ¿Estamos hablando de fútbol? ¿Ese deporte de machos alfa en el que parece que nunca ha jugado un gay salvo en contadísimas ocasiones? Eso parece. El Rayo es uno de esos equipos de barrio, muy ligado a su gente, a su entorno. Es un equipo “obrero”, de la clase trabajadora. Quizás por eso entienda de cerca lo que le ocurre a ésta.  Ha querido dar visibilidad a una serie de problemas que padece su gente, y lo ha hecho como ha podido. No tienen muchos recursos, pero les ha sobrado corazón para hacerlos. A partir de este año, por cada abono, el Rayo destinará de 1 a 8 euros a ayudar a diferentes asociaciones. Y más allá de todo esto, dará visibilidad a dos causas nobles y justas: la concienciación por la igualdad y el cáncer.

Algunos dirán que es populismo, y otros que es una magnífica campaña de marketing. El caso es que el Rayo encontrará muchas críticas en nuestro país. Claro,  hablamos de un país en el que la gente se metía con un club porque llevaba publicidad de Unicef. ¡Qué barbaridad! hacer apología de la solidaridad. Estos independentistas catalanes no tienen remedio. Sin embargo, el Rayo se ha ganado hoy el respeto de buena parte de la sociedad. Ha ganado simpatizantes sin necesidad de desprenderse de su identidad deportiva. La camiseta mantendrá el escudo que ha contemplado 91 años de historia, y en el frente lucirá la publicidad de su patrocinador. Bajo éstas, sólo el negro y el arco iris.

Habrá quien diga que esto es politizar el fútbol. Seguro que hay quien diga una mamarrachada de ese calibre. O quien dirá que estas acciones son innecesarias, y ahí es cuando me reiré. Porque en un mundo en el que un buen porcentaje de la población es homosexual, el deporte profesional es un terreno prohibido para ellos/as. Piensa en la cantidad de deportistas homosexuales que conoces, y la lista será muy, muy corta.

Claro, alguno podría decirme que tampoco están obligados a declararlo, que tampoco van a ir pavoneandose por el campo declarando su sexualidad a los cuatro costados, pero hay que reconocer que la presión mediática sería inmensa. ¿Os imagináis a una superestrella declarándose gay? Aun en el caso de tener una aceptación social, la prensa no pararía de sacar noticias sobre él. Más allá del sensacionalismo, las revistas o periódicos se llenarían de artículos en los que explicarían cómo es la vida del primer balón de oro gay, o cómo es vivir con la presión de ello. O quizás no, pero entiendo que muchas personas no quieran exponerse a esa presión mediática sólo por tener una sexualidad diferente. Y no he querido hablar de las presiones, del rechazo que podrían llegar a encontrar en una parte de nuestra sociedad. O de esas empresas que quizás quieran retirar sus patrocinios.

Sea como fuere, el caso es que el Rayo ha tenido un detalle con una parte de la sociedad que hasta ahora se ha sentido muy excluida. Un detalle que no ha tenido ningún grande de nuestro fútbol. Pero claro, esto ya es otro tema.

Y ahora, Amnistía Internacional

Hace unos días disfruté de unas mini vacaciones en Madrid. Como siempre, mi alojamiento estaba situado en Malasaña, lo que hace que pase muchas veces por la calle Fuencarral y bum, sea el objetivo de casi todos los reclutadores de ONGs. Cariñosamente, siempre he llamado “Carpetas” a estos chicos y chicas, y en más de una ocasión me he parado a escucharlos única y exclusivamente para comprobar qué tipo de técnicas de venta usan. Al menos dos lo han sabido hacer tan bien que se lo he dicho y he acabado siendo socio de sus organizaciones. Otros lo han intentado, y en la mayoría de casos, pese a no captarme, al menos les doy algo de visibilidad en Redes Sociales. En algún caso me han apuntado para informarme de acciones puntuales. Por norma general, es gente muy maja.

Bueno, que se me ha ido el santo al cielo. El caso es que iba paseando por Fuencarral y me paró una carpeta. Muy maja, se presentó y me pidió un minuto. Era un lunes por la mañana, estaba aburrido y no tenía nada mejor que hacer, y como me apetecía hablar con alguien, dije: “venga, habla”. Esta chica se llama Marisa y me habló de Amnistía Internacional. Reconozco que apenas sabía algo de esta organización hasta la fecha. Esta chica fue encantadora y me explicó, sin querer venderme humo ni motos, a qué se dedicaban.

No me acabó de convencer, pero hizo bien su trabajo. Captó mi interés y mi atención a base de una conversación sincera y simple. Su mensaje me llegó de forma retardada. Le prometí que escribiría sobre ello, y aquí estoy. He leído durante varios días un buen puñado de referencias acerca de Amnistía Internacional. Me ha sorprendido lo que me he encontrado y así como un día dije que acabaría apoyando de forma regular a Acnur y lo hice, acabaré en la misma situación con Amnistía Internacional.

Marisa es el ejemplo de esas personas que casi sin quererlo, plantan una semilla de curiosidad en tu vida. Me ocurrió algo muy similar con el gran Gámez y la divulgación. Doy gracias por encontrarme con gente así. Gente que me incita a saber más, que despierta mi curiosidad. No diré que me hacen ser mejor, pero si más informado. Lo dicho, gracias por ello.

Y a vosotros/as, os invito a que os informéis sobre Amnistía Internacional. Y en la medida que os sea posible, colaborad  para que este mundo sea un sitio mejor. Un abrazo, mundo.

¡Estrenando Podcast!

Desde hace unos meses, soy poseedor de un pequeño estudio casero para grabar podcasts. Es una mesa pequeñita y unos miscros con sus peanas, suficiente para hacer algo que suene bien. Por desgracia, no había tenido la oportunidad hasta esta semana pasada de grabar algo decente. Por otro lado, mi amiga Ana y yo llevábamos tiempo trabajando la idea de montar un podcast sobre nuestras idas de olla. Ya lo intentamos hace un tiempo y bueno, por ahí andará la grabación. La semana pasada estuve por Madrid y pudimos grabar juntos el programa piloto de nuestro podcast Bobby Farell que estás en los cielos.

¿De qué va el podcast? Somos dos cabras locas, dos mentes cafres analizando los temas que nos ponen los oyentes o amigos/as de Twitter. Cogemos un tema, lo destripamos, decimos alguna tontunada y alguna brutalidad y p’alante. Además, nos gusta dar alguna que otra recomendación, ya sea musical o de lectura, y completamos el programa con una selección de (buena) música.

En este primer programa hemos tocado dos temas bastante interesantes. Por un lado, hablamos del coño (con perdón) de Leticia Sabater, mientras que la segunda parte del programa va sobre Twitter y lo gilipollas que nos llegamos a convertir. Una hora de buen rollito y alguna que otra risotada. Ideal para hacerte compañía.

¿Te apetece escucharnos? ¡Dentro audio!

Foto: Erwin Winkelman 

Y ahora, qué

el 24M ya es historia. Después de meses de pre-campaña, de 15 días de campaña, de una jornada de reflexión y un puñado de sondeos, este país ya tiene nuevos gobiernos locales, regionales y autonómicos. Después de mucho tiempo, el pueblo ha votado más allá del A, B o C habitual. Se hablaba de un tiempo nuevo, de un cambio en la democracia española. Se han dicho muchas cosas, y no todas han ocurrido.

Es cierto que hoy España es más plural. Donde antes había tres colores hoy hay 5 o 6. Es cierto que las nuevas formaciones basadas en la ciudadanía hacen acto de presencia en innumerables plazas políticas. Algunas irrupciones son tan sorprendentes como las de Ada Colau o Manuela Carmena. Es cierto que ese cambio que se esperaba no ha sido tan gigante como algunos han querido, pero la España del 25 de mayo es más plural. Mejor dicho, la representación política española es más plural.

Las mayorías absolutas han desaparecido en casi todo el territorio. Los ayuntamientos y Gobiernos de hoy necesitarán del entendimiento entre dos o tres para salir adelante. Es el tiempo del pacto, del entendimiento. Aquí está el verdadero cambio del 24M. Por primera vez nos encontramos un panorama político en el que casi todos tendrán que dialogar y llegar a puntos intermedios para sacar adelante los gobiernos. Y aquí, amigos y amigas, es donde veo el mayor problema de esta situación.

Como bien apuntaba mi amigo Esteban, muchos egos tendrán que aprender a negociar porque no les va a quedar otra. Y como bien apunta, alguno acabará implosionando o algo. Porque si hay algo que me lleva a la reflexión es la capacidad de nuestros políticos para llegar a pactos. En algunos casos, porque se toma la política como si de un juego se tratase en el que o se gana o se deben pedir medidas drásticas. Ni la política es fútbol, ni debe tener el funcionamiento de éste.

Por otro lado, tenemos el miedo a los pactos. Muchos temen que un pacto les pase factura sin pensar en que quizás le convenga a su ciudad, a su región o a su provincia. Habrá quienes, por miedo a sufrir cambios dentro de unos meses, no se mojen, y generen situaciones políticas en las que sólo habrá unos perdedores: sus votantes y, ante todo, las personas a las que representan.

Llega el tiempo del cambio, pero de un cambio que tampoco muchos contemplaban. Es el momento de aceptar que en la política se puede gobernar más allá de las mayorías absolutas. El momento de demostrar que los políticos saben debatir y negociar más allá de las políticas o de los negocios oscuros. Llega la hora de demostrar la madurez política que muchos partidos dicen tener. La hora de echarle cojones y posicionarse, del dialogo y de demostrar que se puede hacer política y se está dispuesto a ello.

Toca demostrar muchas cosas. Veremos quiénes están preparados/as para ello y quienes no. Ánimo, valientes.

Bien comunicado, Last Tour, pero…

Últimamente me estoy poniendo un poco tiquismiquis con la comunicación de las marcas en la red. Quizás sea culpa de mi trabajo, o que cada día me gusta más esta parte del mismo. Creo que hay cierto arte en la comunicación. No todo el mundo sabe llevar una comunicación correcta, y que me aspen si yo lo sé. Pero si que es cierto que me gusta analizar ciertos casos y en más de una ocasión suelo ponerlos como ejemplos de buenas o malas prácticas en charlas, cursos o el entorno que sea.

Hoy me gustaría hablar del Azkena Rock Festival. Es MI festival. Bueno, ya me gustaría, pero si que es cierto que es el festival al que más cariño guardo. Es un evento musical que desde 2002 ha puesto a Vitoria entre los referentes festivaleros de la península. Su momento TOP fue a comienzos de esta década, con nombres con un peso importante como pueden ser Pearl Jam, The Black Crowes, Kiss o Bob Dylan. Más allá de los nombres mediáticos, el Azkena siempre ha apostado por bandas que, pese a no contar con el respaldo del gran público, tienen un reconocimiento profesional considerable. Me gusta definirlo como un festival rockero con puntito delicatessen. Para los gourmet del mundillo rock.

La crisis, la falta de inversión, de patrocinadores,… lo que sea hizo que el cartel perdiese peso mediático. Pasamos de ediciones de tres días a dos, y ya no había tanto peso pesado en los carteles. Esto no empeoraba la calidad musical, sólo no ayuda a atraer más público. Pese a todo, el Azkena Rock Festival ha seguido en pie. Mucha gente ha criticado que Last Tour, organizadora del evento, no mimaba tanto a éste como a su otro hermano, el Bilbao BBK Live.

Al lío, sus problemas de comunicación

Junto con esta bajada de pesos pesados en el cartel, el festival también ha sufrido ciertos problemas de comunicación con su público. En varias de las últimas dos o tres ediciones, hemos sentido como si la organización tuviese cierta dejadez, tardando en confirmar bandas, cerrando el cartel tarde y mal y además sin apenas dar explicaciones. Si has pedido un Scalextric y los Reyes te traen un puzzle, es normal que estés algo picado. Si además mamá y papá no te miman, tu cabreo aumenta. Eso nos pasó a los/as azkeneros/as en los últimos años.

Este año, no sé si hubo cambios internos o no, las cosas dieron un vuelco. En pleno otoño conocimos que una banda mítica como ZZ Top iba a venir al Azkena. La organización nos llenó de ilusión. Llegaron las vacaciones y el Azkena tenía ya una forma considerable, con muy buena pinta. Last Tour no se escondía y hablaba con sus seguidores. No esperaron al último momento. Hacían concursos, informaban de novedades,… las cosas pintaban muchísimo mejor. Se podría hacer mejor o peor, pero se estaba haciendo bien.

Marrón para cerrar el cartel: sinceridad por bandera

Hace unas horas se mascaba la tragedia, o bueno, nos temíamos una noticia que ya se había comentado en el blog. Mastodon se convertía en cabeza de cartel del sábado. Pese a ser el segundo, las circunstancias han hecho que así sea. Mucha gente parecía estar viviendo un deja vu con esta edición. Sabías que esta acción, hicieses lo que hicieses, iba a ser criticada, pero en base a cómo comunicases los hechos, quizás no alimentarías a los trolls o al sector más agresivo de los críticos.

Hoy la organización me ha sorprendido con una práctica que me encanta. ¿Que tienes un marrón y no es problema tuyo? Sinceridad, lo primero es ser sincero con tu gente. Han salido, han explicado lo que había y han dado las razones que han llevado a la construcción de este cartel para el sábado. Han dado explicaciones hasta donde han podido, estaba claro que no podían dar nombres de bandas que han dicho no, pero si que han ofrecido a sus clientes los motivos del cierre no deseado.

¿Ha habido críticas? Desde luego. ¿Estas críticas han sido duras? Alguna si, pero las que menos. La gran mayoría ha sabido responder la sinceridad de Last Tour con criticas clásicas de “a ver si rasco algo para que la cosa me salga más barata”. Picaresca o no, el caso es que la sinceridad es algo que aprecia el cliente. No hay que vender humo, sino hechos. Mis experiencias siendo sinceros, publicando comunicados dando explicaciones siempre han sido positvos. Lo raro es que no mucha gente lo haga.

Sólo puedo criticar una cosa, y es que tras el comunicado en Facebook, su equipo ha respondido a casi todos los que han opinado, que no me parece mal, pero si que he detectado cierta agresividad. Las técnicas de venta agresiva pueden o no servir para dar explicaciones. Creo que en algunos casos se han excedido a valorar las opiniones y quizás haya faltado algo de autocrítica en algún caso, pero como ya os digo, esto son cosas de un tiquismiquis.

Lo importante, para mí, es que esta empresa ha comprendido que la transparencia y la sinceridad aportan confianza en el cliente, lo cual repercute positivamente en su marca. ¡Buen trabajo!

¿Es Vitoria-Gasteiz una ciudad sin rumbo?

Ay, Vitoria de mis amores. Esa ciudad que siempre, sin quererlo o queriendo ha estado en un segundo plano. La ciudad que nadie sabe dónde está. La desconocida de las tres capitales de provincia vascas.Una ciudad bonita que, sin embargo, parece que no sabe hacia dónde debe encaminar su futuro. Donosti es la capital de los pintxos y del buen comer, Bilbao es la ciudad cosmopolita del Guggenheim, ¿Y Vitoria? ¿Qué somos?

Siempre he creído que es bueno encasillarte en algún tipo de reclamo turístico. Si se elige bien, si se diseña un plan a largo plazo y se hace todo debidamente, no sólo es bueno para atraer turistas, sino que mejora la imagen de la ciudad, genera empleo, atrae inversiones, potencia un sector o producto hasta elevarlo a un nivel de calidad excelente. Desde luego, con el trabajo bien hecho son todo ventajas. El mejor ejemplo que tenemos por la zona es el de Bilbao, que en dos décadas ha cambiado totalmente su imagen. Han pasado de ser una ciudad industrial gris a ser un referente de la zona norte del país. Atraen turistas por sus museos, celebran grandes eventos sociales como festivales de música y han seguido apostando por su feria de muestras. Inviertieron (mucho) a largo plazo. 20 años después, las cosas han ido por buen camino, o eso parece.

Verde, napoleónica y deliciosa

Sin embargo, mi ciudad parece haberse estancado, o quizás no hayamos hecho bien los deberes. Está claro que podríamos ser una de las ciudades más verdes del planeta. De hecho, fuimos capital verde europea en 2012. De ahí que tengamos un maravilloso seto en la Virgen Blanca que ojo, ha sido un acierto. Se ha convertido en el símbolo de la ciudad. Fuimos el centro de la ecología en Europa durante un año. ¿Qué aportó a la ciudad? Cierto reconocimiento, aunque más bien poco.

Creí que iba a ser un pretexto para crear algunos eventos o acciones que guardasen un buen recuerdo. No sé, un concierto mítico, el desarrollo de una acción especial, la construcción de algo que perdurase para siempre. Cosas que son llamativas, puede que hasta populistas, pero que consiguen movilizar a la ciudad o que atraen al resto del planeta. Mi sensación respecto a la Green Capital es prácticamente inexistente. Pasó y listo.

Pero nuestro alcalde, Javier Maroto, quería hacer que la ciudad estuviese en el mapa, y si 2012 fue un año verde, el 2013 sería napoleónico. Se celebraba el bicentenario de la Batalla de Vitoria-Gasteiz, y se celebraron varios actos interesantes. Recreaciones, un concierto en la Virgen Blanca,… no se, parecía que la cosa iba mejor, al menos los vitorianos/as estábamos presentes. Pero tampoco fue el boom que se esperaba. Parece ser que al turista genérico no le vuelven locas las gueras napoleónicas.

Parecía imposible, pero Javier Maroto lo volvió a intentar. Lo verde parecía no haber enganchado, al igual que las guerras del siglo XIX. ¿Qué nos quedaba?  ¡La gastronomía! Claro, eso es.  Tenemos la mejor patata, la mejor sal y el mejor vino del mundo. Hasta una estrella Michelín. ¿Por qué no aspiramos  a ser Capital Gastronómica de España?

Y lo fuimos. En 2014 Vitoria-Gasteiz fue el epicentro de la gastronomía nacional. O bueno, lo intentó. Mi sensación con la Capitalidad gastronómica es la misma que con la Green Capital. Pudimos hacer muchas cosas, pero hicimos la mitad y a medio gas. Esta capitalidad no pasará a la historia salvo por intentar ser un plan para la reactivación de la hostelería vitoriana y ojo, con muchas polémicas. Y hablando de polémicas, lo único que pasará realmente a la historia será aquella tortilla de patatas, la que pudo ser y no fue la más grande del mundo según el Guinness. Una acción que desde un principio se sabía que no iba a causar un gran impacto y que sólo sirvió para darle un pellizquito a un cocinero vitoriano (que ojo, se lo ganaría) y para ser un arma política.

Vaya, en tres años hemos intentado ser tres cosas diferentes y nada oye, todo parece quedarse en pólvora mojada. Ahora Maroto aspira a celebrar unos Juegos Olímpicos. Ojo cuidado, son Olímpicos si, pero de la juventud. Vitoria aspira a ser sede de estos juegos en 2021. ¿Y mientras? No podemos depender de un evento como ese para perfilar el futuro de Vitoria, a no ser que centremos nuestros esfuerzos en ser un referente para los deportistas. El ex alcalde Patxi Lazcoz ya quiso hacer una especie de centro de tecnificación deportiva en la ciudad, pero claro, vino la crisis. Y las cosas como son, tampoco tuvo mucho apoyo ciudadano.

¿Y si el problema somos nosotros/as?

Recuerdo haber tenido durante años un vale para un primer viaje en metro ligero (ojo, que no tranvía). Un proyecto que hasta tuvo una exposición en el centro de la ciudad. No se hizo por las reticencias que se generaron, aunque años más tarde se construyera. Muchos/as dijeron que era inútil, que no se usaría, y hoy en día supone un buen porcentaje del transporte de la ciudad.

Desde siempre, Vitoria-Gasteiz ha atraido a los congresos. Es una ciudad pequeña, que no debería tener problemas para poder reservar un buen puñado de habitaciones de hotel. Teníamos un palacio de congresos pequeño, pero coqueto. No entiendo como pese a saber que éramos buenos con los congresos, no hayamos apostado por ellos hasta hoy. La ampliación y reforma del Europa llega con muchos años de retraso. Bilbao y San Sebastian nos han comido la tostada, así que ahora tendremos que volver a trabajar duro para estar a la altura.

Tenemos dos eventos musicales excelentes como son el Festival de jazz y el Azkena Rock Festival. El segundo atrae anualmente a miles de personas de fuera, llenando los hoteles de la ciudad. Sabemos desde hace un lustro que potenciar el Azkena sin hacer locuras conllevaría atraer más gente. Y ojo, porque los que vienen no son el perfil de jóvenes con cuatro reales que no gastan. El perfil del azkenero/a es de unos 40 años que buscan buen comer y mejor dormir. Podemos decir lo mismo del Jazz.

Lazcoz quiso hacer un palacio de congresos con una sala con una magnífica acústica. Se iba a llamar BAIC y costaría unos 160 millones de euros en total. Evidentemente, era mucho dinero, muchísimo en una ciudad como es Vitoria Gasteiz, donde todo lo nuevo aterroriza al principio. Se estima que la sala acústica y la de congresos hubiesen supuesto unos 60 millones. Quizás hubiese sido una buena idea potenciar Vitoria como una ciudad musical, apoyando al conservatorio local. Pero tampoco hemos hecho nada. ¿Para qué apoyar el Jazz si es sólo para unos pijos y el Azkena es algo que nunca voy a pisar?

Siempre he tenido una sensación agridulce con mis paisanos. Es como si mi Vitoria quisiese estar a la altura de otras sin hacer nada y sobre todo, sin gastar ni un solo duro. Por desgracia, los milagros parece que sólo ocurrieron en tiempos bíblicos. Quizás seamos muy críticos a la hora de aceptar los proyectos y nos excedemos de pesimistas con ellos. Quizás debamos saber apostar como otras ciudades por un modelo de ciudad elaborado en la unidad y no en el partidismo o electoralismo.

Es difícil porque pese a que nosotros/as seamos más abiertos, después los políticos nos devolverán a la realidad. En este país parece imposible ver la unidad para sacar adelante un proyecto. ¿Apoyar una buena idea de alguien que no es de tu partido? ¿A qué juegas? Esa es mi sensación.

Vitoria-Gasteiz no necesita un plan para ser un referente turístico, sino más bien un plan para darse a conocer y potenciar su marca personal, sea cual sea. Centrarse en una y no ir saltando de una en una hasta conseguir la que mejor le siente. Es algo complejo, difícil y duro, que requiere el énfasis de los ciudadanos y de la clase política, pero resultará tremendamente útil de cara al futuro. No quiero una Expo 92, quiero que mi ciudad sepa lo que es y hacia dónde va. No me apetece volver a ser la ciudad verde napoleónica gastronómica.

Cristiano, las donaciones y la falta de información

Hace unos días, Nepal sufrió un terrible terremoto. Bueno, ha sufrido varios para ser exactos. Ha habido miles de fallecidos y decenas de miles de evacuados y afectados. Toda ayuda es poca para este país. Por eso, todos hemos intentado ayudar como hemos podido. desde hace unas semanas soy socio de ACNUR y además hice una donación especial en Facebook para ayudar a los nepalíes. Todo el mundo ha intentado ayudar, y las celebridades no han sido menos. Algunas como Cristiano Ronaldo hasta han donado siete millones de euros.

La semana pasada, saltaba la noticia. El crack portugués había hecho una donación de siete millones de euros a Save the Children, una ONG con la que colabora de forma habitual. Todos los medios de comunicación se hicieron eco de la noticia, y muchas personas que no sentimos mucho afecto por él aplaudimos la acción. Pero hoy nos hemos enterado que nunca se hizo esa donación. Que todo era un simple bulo. Save The Children ha emitido un comunicando negando la famosa donación, agradeciendo eso si la labor de celebridades como Cristiano para incentivar las donaciones en estos días de tanta necesidad.

¿Cómo es posible que esto haya ocurrido? Que medios como El Mundo, el ABC, El País o todas las cadenas nacionales hayan publicado una noticia así, sin confirmarla. He buscado algunas de las notas que se publicaron aquel día y he encontrado diferentes referencias a medios extranjeros, la gran mayoría de habla francesa, pero ningún medio apunta con un enlace a la noticia original. Hablan de la revista So Foot, de Onze Mondial pero no hay ningún post, artículo o nota oficial. Cogieron una noticia viral y viendo que uno la publicaba, decidieron seguir para adelante. “Nadie va a mentir sobre esto” pensarían. Y zasca.

Claro, imaginad a todos los haters de Cristiano en estos momentos llamándole mentiroso y cosas peores. Pero en el fondo, la culpa no es del jugador del Real Madrid, sino de quienes dieron credibilidad a la noticia. Parece ser que nadie llamó a la oficina del representante de Cristiano, o al Real Madrid o a Save the Children para confirmar esto. “Nadie puede mentir sobre esto”. Y zasca.  Vale que Cristiano Ronaldo podría haber salido a desmentirlo en lugar de callarse y oye, si cuela cuela y mi imagen mientras mejora. Sin embargo, ¿Cómo sales diciendo “Perdona, pero no he dado 7 kilos a la gente que los necesita aun siendo multimillonario”? No está obligado a hacerlo, pero entiendo que no es un gesto de comunicación fácil de llevar a cabo sin que te caiga mierda encima.

Con este caso, he aprendido varias cosas. Algunas ya las sabía, pero nunca está de más recordarlas:

  • Que las noticias en internet no tienen por qué ser reales.
  • Que a veces, una llamada para desmentir o confirmar las cosas está genial. Y además, no suben mucho la factura.
  • Que no por mucho madrugar amanece más temprano. ser el primero en querer dar la noticia a veces te hace ser el primero en tener que dar explicaciones. Pero claro, hoy ni dios dirá nada. Parece que en este país sólo pide perdón el Juancar.
  • Que la gente exige a los demás cosas que ellos nunca harían. Cristiano debe ganar unos 40 millones de euros anuales. ¿Donas una quinta parte de tu sueldo? mejor dicho, ¿Donas algo? Entonces, ¿Por qué le pides a otros algo que ni siquiera tú lo haces?

Se ha quedado una tarde magnífica para disfrutar de La Guerra de los Mundos.

Foto: Alejandro Hernanz (CC)

Querido Jordi Évole

Te habla alguien al que tu programa siempre le ha causado muchas reticencias. Siempre desde el respeto, Salvados nunca fue plato de mi gusto. Eso no te ha hace ser ni mejor ni peor profesional. De ahí que sólo haya visto tu trabajo en una serie de momentos puntuales. Este pasado domingo, tocaste un tema que siempre me ha apasionado. Un tema que por desgracia, lo he sentido de cerca. No pude ver el programa desde el comienzo, así que pedí consejo sobre si merecía la pena, y algunas voces en las que confío me pidieron que te diese una oportunidad.

Acabo de ver tu entrevista a Iñaki Rekarte. Después de 58 minutos, me han dado ganas de ponerme en pie y aplaudirte con todas mis fuerzas. Hablar del llamado conflicto vasco no es fácil. Diría que se ha hablado mucho, pero nunca es suficiente. Quizás hayan hablado demasiado algunos actores y actrices que, francamente, no han aportado mucho a la normalización de esta locura.

Hay que ser valiente para hablar de ETA desde la imparcialidad, sin caer en la ira o el odio. Econtraste en el testimonio de Rekarte la voz de una parte del conflicto, del problema o de lo que sea que apenas habíamos escuchado. Quizás porque no era fácil encontrar a alguien que quisiese hablar, o quizás porque no interesaba para mantener el odio. Has humanizado una figura que existe desde hace mucho tiempo en ese juego y pocos se han atrevido a enseñar. El rencor y el odio son más poderosos que el perdón.

Querido Jordi, nos has dado una maravillosa lección acerca del poder que tiene la palabra. No han sido necesarias las imágenes de las barbaries hechas por unos locos, ni el odio, ni nada para describir la realidad de este conflicto. Tu voz y la de Iñaki nos han sido suficientes para ver la realidad de una de las partes. Sin demagogia, sin dolor, sin recursos baratos. Ha sido una entrevista magnífica, emotiva y sincera como pocas. Nunca creí que acabaría escribiéndote algo así, pero lo tienes bien merecido. Porque si me tengo que quedar con algo de Iñaki, es que en esta vida la ira, el odio y el rencor no nos van a servir para nada.

Milesker, Évole jauna.