Carta abierta a Carlos Cuesta

Estimado señor Cuesta,

Mi nombre es Alberto y nací 10 años y dos meses exactos después de los sucesos del 3 de marzo en Vitoria-Gasteiz. Vivo a apenas 50 metros de la iglesia de San Francisco de Asís, el lugar de los hechos. Allí hice la catequesis y mi primera comunión. Conocí desde bien joven la historia de los sucesos. Por eso, cada vez que entraba a aquella iglesia, sentía algo rarod entro de mí.

El pasado día 3, justo en el 39º aniversario de los sucesos, usted realizó unas declaraciones. A mí entender, le ocurrió lo que a muchos españoles nos pasa, y es que a veces queremos hablar de lo que no tenemos ni idea. Sacamos el cuñado interior que tenemos dentro y hale, a sentar cátedra. Por eso, me gustaría aclararle una serie de datos. Sí, ya sé que después usted aclaró sus palabras, pero mi cuñado interior me dice que usted lo hizo sin sentirlo realmente.

El 3 de marzo de 1976, media Vitoria se encontraba en huelga. Digo media porque era así, porque dependía de dos o tres grandes empresas. Las cosas no han cambiado mucho en ese aspecto, la verdad. Lo hacían porque en 1976, los trabajadores de nuestro país, del suyo y del mío, carecían de muchos derechos. Es cierto que  en aquel movimiento sindicalista, o en aquella huelga, había cierto sector que decidió apoyarla para debilitar al centralismo, y seguramente alguno que otro apoyase a ETA.

Aquel 3 de marzo, la iglesia estaba repleta, así que puede que alguno fuese un proetarra. También era muy posible que entre aquellos miles de trabajadores hubiesen conservadores, católicos o progresistas, analfabetos y universitarios, homosexuales y/o padres de familia numerosa. Allí no se luchaba por la ikurriña ni por la rojigualda, se luchaba por el mantel. El mantel vacío de cientos y cientos de hogares alaveses.

La Policía Armada decidió entrar en la parroquia con toda su fuerza. Lanzó gases lacrimógenos y tiró de gatillo. Hubo cinco fallecidos. La Policía Armada disparó a la multitud, dejando un centenar de heridos por arma de fuego. Si aun no lo ha hecho, le invito a que escuche las grabaciones que se realizaron durante ese día de la radio de la Policía Armada. Ellos mismos hablan de masacre, y no es un termino que lo acuñase la izquierda abertzale, los de la ceja, Venezuela, Podemos ni ningún grupo de izquierda radical. Los propios culpables de aquel suceso fueron los que bautizaron a éste como una auténtica masacre, habiendo cerca de dos mil disparos de bala. También le invito a que venga a conocer la parroquia, ya en desuso, y compruebe lo claustrofóbica que son sus dos entradas.

Usted dijo que eran terroristas los fallecidos en aquel suceso. En aquel momento, me juego el cuello a que usted habló sin pensar en lo que realmente había dicho. No le culpo, pues lo ha hecho en muchas ocasiones. Tranquilo, no es el único. En la actualidad, las personas con cierto poder medático actúan sin pensar en muchas ocasiones. No saben realmente el poder que tienen su palabra, y sueltan lo primero que piensan sin realmente comprobar si es políticamente correcto o no.

Después de haber soltado esas declaraciones, y viendo la que le iba a venir usted decidió recular. No dijo que se había equivocado, porque eso sería poco más que darle la razón a los proetarras en su pensamiento. Intentó hacer ver a la gente que sus palabras no habían sido bien entendidas o que quizás no se había expresado bien.

¿Puedo jugármela? Diría que usted dijo lo que realmente quiso decir. Por desgracia, a veces las palabras no gustan a todos. Menos cuando además son calumnias. A veces funcionan, y cualquier mentira dicha mil veces se acaba convirtiendo en verdad para la masa. Esta vez, esa mentira se dijo una vez y le llamaron la atención. Se intentó sacar rédito a una mentira que todos conocemos.

Esos cinco obreros asesinados han sufrido el abandono de las Instituciones durante casi cuatro décadas. No son víctimas de ningún tipo de terrorismo aceptado por el Gobierno de nuestro país, y los pocos reconocimientos que han recibido, o han venido por la sociedad civil, por sus vecinos o por su entorno, o por alguna administración en los últimos años.

Le pido que para la próxima vez que quiera arremeter contra el ETA o sus partidarios, utilice la verdad. No use un suceso trágico y lo adapte a su gusto para intentar manipular a sus espectadores. El mismo 3 de marzo, una serie de jóvenes realizaron ataques al mobiliario urbano de mi ciudad después del homenaje a las víctimas. Hable de esos sinvergüenzas, pero si lo va a hacer, hágalo con la verdad. No se queje si después viene alguien y le recuerde que, por ejemplo, un expresidente de nuestro país fue el responsable político de aquel suceso, al igual que varios ex ministros de la democracia. Todo ello bajo la mirada del fundador de un partido político y que además es padre de nuestra constitución.

Si realmente respeta a los asesinados durante aquellos sucesos, le invitaría a que diese a conocer la historia de lo ocurrido. Le invitaría a darle voz a sus familiares, a demostrarles que realmente les respeta. Si realmente los respeta, debería aprender a no generar odio desde su puesto. Ya sé que pido mucho, pero al menos lo hago desde el mayor de los respetos.

Un saludo.

Alberto Cabello

(Y es que para mí, el 3 de marzo es algo especial https://mural3m.wordpress.com/2013/09/19/alberto-cabello-pixelillo/)

  1. La declaración es vergonzosa, parece que ahora cualquiera con un mínimo de pode mediático, de minutos televisivos o donde sea, se cree que puede dar su opinión como si fuese su casa o como si tuviese el derecho de expresar esas burradas asegurándolas bajo su labor periodística.

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