Carta abierta a Carlos Iturgaiz

Querido señor Iturgaiz,

Me llamo Alberto Cabello y soy un vitoriano de 31 años. Hace dos días, asistí a la final de la copa de Su Majestad el Rey. Sin ser independentista, decidí pitar el himno con un pequeño silbato. Ejercí mi derecho a expresar mi disconformidad con una nación representada en el campo con su enseña e himno nacional. Al finalizar el himno, todo el estadio aplaudió hacia los auténticos protagonistas de la noche: los dos equipos.

No fue hasta horas más tarde cuando leí su tuit. En él me insultaba amparándose en la libertad de expresión. No le voy a engañar, después de la derrota de mi equipo, las primeras palabras que me vinieron a la cabeza fueron muy duras. Vamos, que casi tengo que citar a su santa madre. Pero comprendí inmediatamente que eso era lo que usted buscaba. Quería su minuto de atención, su minuto de oro después de mucho tiempo siendo ignorado.

Son muchas las personas que opinan como usted. Yo mismo entiendo su postura, aunque por diversos motivos, creo necesaria mi actitud. No fueron pocas las reacciones críticas con nuestra acción en el campo, pero sólo unas pocas, al igual que la suya, se hicieron desde el insulto. Puede que hace dos noches en el Calderón, las miles de personas que pitamos el himno quedásemos como auténticos burros, pero su crítica ha sido peor. Expresarse no le ha servido para nada salvo para quedar retratado como un mediocre más.

De la misma forma que yo pité el himno y seguramente realicé una acción reprobable, sus insultos lo colocan a nuestra altura o incluso a una inferior. La capacidad de crítica y reflexión que debemos exigir a un cargo electo debería ser superior a la de una masa de más de 55000 personas. Su dialéctica es mucho más profunda que la mía, así que esperaba un comentario más profundo, alejado de mis peores críticas hacia su partido.

En serio, le entiendo, yo también he insultado a una masa de personas. Lo he hecho en varias ocasiones hacia los votantes de su partido. Es algo de lo que me avergüenzo, puesto que por aquel entonces quizás me faltaba algo de madurez. Hoy no llamaría gilipollas a los votantes de ningún partido, ni siquiera a usted, que ya me ha insultado. Sólo le pido que reflexione ante sus comentarios. Que puede ampararse en la libertad de expresión, pero no usar ésta como excusa para insultar.

De la misma forma que rechazamos el status nacional, hubo un respeto prácticamente total, a la figura del Rey y del Gobierno de nuestra Nación. No hubo ningún tipo de insulto o comentario avergonzante que fuese multitudinario durante el encuentro. La misma sociedad que en 2010 pitó a Zapatero porque estaba hasta el gorro de él, el sábado decidió hacer lo mismo. Dijimos «estamos hasta el gorro de este modelo de país». Otros se encargaron de llamarnos hijos de puta.

Le deseo la mayor de las suertes en su carrera, pero le agradecería que no me representase nunca, ni como eurodiputado ni como ciudadano de mi país.

Le invito a que me responda a mi correo. Lo encontrará en esta web.

Un saludo.