Dormir es un (gran) placer

Quiero ser rico. Sólo así concibo poder dormir todo el tiempo que me apetezca. Me gustaría ser multimillonario para poder viajar, cumplir sueños (míos y ajenos) y dormir. Porque desde pequeñito, el sueño ha sido uno de los mayores placeres de mi vida. Me encanta dormir, aunque a medida que me hago mayor, duermo peor.

¿No os gusta dormir? sentirte una croqueta arropada por un rebozado calentito hecho a base de mantas o fundas nórdicas. O dormir la siesta en un sitio fresco en verano. De la forma que sea, dormir es un pequeño placer terrenal. Es una necesidad, aunque a veces debería convertirse en un derecho universal.

La semana pasada dormí fatal. Tenía mi cosas en la cabeza, me metí tarde a la cama y no conseguía desconectar. Además, a partir del viernes empecé a encontrarme fatal, y no me acompañó el sueño. Eso ha generado que tenga una jaqueca constante, que espero poder ir aliviando a medida que recupere mi horario de sueño habitual.

Normalmente, duermo unas 7 horas diarias entre semana. Luego ya llega el fin de semana, y ahí ya me doy un atracón de sueño. Antes podía llegar a pasarme 11 horas en la cama, aunque en los últimos años, esto ha ido cambiando. Normalmente duermo 8 o 9 horas los viernes y sábados, quedándome sin sueño el domingo. Amanezco el lunes sin apenas haber dormido unas 6 horas y empiezo la semana con el objetivo de llegar al viernes para dormir más.

Me gusta dormir y me gusta soñar, pero lo que más me gusta es la liturgia en si. Disfruto metiéndome en la cama, estirándome y buscando una buena postura. Después, cojo mi libro y leo durante unos minutos. Al tercer o cuarto bostezo, y tras leer el primer parrafo de la página, apago el Kindle, dejo las gafas junto al despertador y apago la luz. Si es un día laborable, sonará la alarma, apagaré ésta de forma inmediata y me pasaré no más de dos minutos remoloneando en la cama.

Si es un día festivo, me levantaré para subir un poco la persiana y dejar que entre la luz de la calle. Cogeré el móvil y me pondré al día con el mundo. No soy muy amante de las rutinas y de los procesos organizados, pero admito que necesito hacer todo eso en orden. Me ayuda a sentirme bien, a tener controlada mi vida desde primera hora del día. Os parecerá una chorrada, pero a mí me ayuda a sentirme mejor.

Buenas noches.

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