Muelle de Malibú

“¿Y si nos vamos?”

-¿Y si nos vamos?

Anthony seguía mirando el horizonte. Michelle, que estaba apoyada en la barandilla junto a él, giró la cabeza para ver algún tipo de reacción en su cara. Se encontró la misma cara seria de siempre.

-¿A dónde quieres ir?-dijo ella volviendo la vista al mar-.

-No lo sé. Lejos, muy lejos de aquí, a un sitio donde nadie nos conozca. Donde el simple hecho de estar suponga comenzar de cero. Un pueblo en el que no huela el mar, en el que el sol no me abrase la cara a diario. No sé, a cualquier parte.

-¿Qué te ocurre con el mar, no te gusta?

-Me gusta, pero me he cansado de levantarme todas las mañanas y ver esto. Necesito un cambio y lo necesito ya.

-No sé cómo te puedes cansar de esto.

Michelle se acercó y apoyó su cabeza en el brazo del joven. Éste reaccionó abrazándola, casi sin inmutarse, como si se tratase de un reflejo. frente a ellos, el sol se ponía una vez más en el Pacífico. La gama de colores era espectacular. Desde crío, Anthony venía cada tarde a este muelle y se quedaba hasta que el sol se ponía. Era un auténtico espectáculo para sus ojos.

-Crucemos el país. ¿Te gustaría vivir en Boston?

-Ay, es tan frío en invierno.

-Bueno, en el invierno podemos movernos a otra zona más cálida. ¿Qué te parece Florida?

-No sé, ¿No será muy parecida a esto?

-No lo sé.

La joven se agacho para coger el botellín de Coca Cola que había comprado en el puesto de la entrada. Aun seguía estando fría.

-¿Tienes dinero, Tony? porque apenas tengo 50 dólares en el banco.

-76 dólares y 42 centavos.

-Con eso no llegaremos muy lejos.

-¡Haremos auto-stop! y trabajaremos durante el viaje. Puedo trabajar en alguna granja durante una semana. O podemos pintar casas, lo que sea. Viviremos sin lujos, pero viviremos. Calculo que en no más de 3 semanas llegaremos a Massachusetts.

-¿Y dónde viviremos?

-Bueno, el hijo de los Holberg me dijo que hay muchos apartamentos baratos en los suburbios. ¿Te acuerdas de él? ese chico gordito al que le apodaban “Lil’ fatty Joe”.

Michelle reaccionó apartándose levemente del joven, buscando así su cara. Mostraba pequeños síntomas de enfado.

-Ay, no me gusta que la gente ponga motes tan despectivos.

-¿Qué me dices, nos vamos?

-¿A Massachusetts?

-Si.

-Es una locura, Tony…

-Será precioso.

-Puede ser, pero no.

-No es tan complicado como parece, sólo hace falta un poco de valentía.

-Tony, no puede ser.

-¿Por qué no?

Michelle buscó la pajita del botellín de Coca y bebió un poco más del refresco. Volvió a buscar el hombro de Anthony y éste la volvió a arropar con su brazo.

-Porque no.

-Por qué.

-Porque esto es un sueño.