Madrid

La ciudad que me hace disfrutar

Parece que Madrid está omnipresente en mi vida. Hace un mes hablaba de ella en este mismo blog, y mis ganas de volver a visitarla me obligan a dedicarle otro puñado de líneas. En apenas una semana, volveré a poner el pie en Madrid, pero sólo serán unas horas. No será hasta la semana siguiente cuando pase unos días por allí.

Madrid es una ciudad que me da la vida. Corrijo, realmente me la quita, ya que me deja KO en cada visita, pero hace que mi vida sea más bonita. Es una vía de escape de la rutina, de la monotonía de mi vida. Un break en los problemas, en los malos momentos. Es la ciudad en la que me encuentro mejor, donde he acabado teniendo un montón de buenos amigos y amigas, además de una legión de conocidos y conocidas que de vez en cuando pasan por mi vida y me regalan un puñado de buenos recuerdos.

Me gusta tanto Madrid, que sé que nunca viviré allí. Suena contradictorio, pero es lo que siento. Me gusta disfrutar de esa gran urbe sin prisas, con mucha calma. Salir a la calle y caminar por la ciudad a última hora de la tarde, cuando se le ve más bella. Salir a la plaza de Oriente, sentarme sin ninguna prisa a contemplar a los turistas. Me gusta dejarme las suelas de los zapatos por sus calles, sin que el metro marque mi vida.  Algo que no podría permitirme si viviese allí. Me gusta el Madrid del turista que no lo es, de la vida tranquila.

Me he enamorado, desenamorado, reído y llorado en el centro de Madrid. He vivido noches inolvidables, tardes irrepetibles y mañanas placenteras. He disfrutado con cada visita al museo del Prado, al tour del Bernabéu o con cada paseo calle arriba y calle abajo por la Gran Vía.  Me gusta ir a una barbería madrileña, tomarme algo con los amigos en lo más castizo o irme de compras a la tienda más loca de Malasaña. Me gusta Madrid y por eso sé que nunca viviré allí.

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