Twitter, los atentados de París y nuestra capacidad de refexión

Ha sido una noche muy larga para los habitantes de París. Una noche terrible, una pesadilla que se volvió realidad. Unas horas que pasarán tristemente a la historia y que fueron narradas en tiempo real gracias a las nuevas tecnologías. Twitter y Facebook fueron claves para la comunicación y como servicio de gran utilidad para los afectados por los ataques terroristas.

Ayer leí toda clase de opiniones y reflexiones. Pensamientos que se dijeron en caliente y que en muchos casos carecieron de reflexiones. Pensamientos que quizás ahora, apenas unas horas después, no tienen sentido y que quizás no se hubiesen expresado. Me prometí no hacer ningún tipo de comentario sin tener información real y verificada, sin haber pensado antes mis palabras. Después de 8 horas de sueño, he aquí algunas anotaciones que me gustaría compartir sobre lo que vi anoche.

Tu cara me suena: Por si hay alguien que no se haya enterado, la emisión de  este programa siguió adelante mientras en París se sucedían las noticias. Algo que (casi) hubiese pasado inadvertido de no ser por un tuit. Un tuit sin maldad, pero que realmente era innecesario:

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No fue la única que siguió con su parrilla habitual. De hecho, Prácticamente todas las cadenas nacionales siguieron como si de un viernes cualquiera se tratase. Sin embargo, el CM de Tu Cara Me Suena quiso dar una explicación y bueno, pasó lo que pasó. Tras centenares de reacciones de indignación, el programa borró el tweet. Nadie pensó que quizás no se podía emitir un especial porque la redacción estaría casi vacía. ¿Habéis visto un noticiario en Antena 3 pasadas las diez de la noche? Tuvo que callar, pero no reflexionó bien y se la comió. Por suerte, no fue la única persona que le pudo la rapidez.

Os colaron mil y un fakes: Twitter es inmediatez, y todos/as queremos ser los primeros en informar. Ya sea por ego o por conseguir más visibilidad, muchas veces corremos a informar sin haber verificado nuestras fuentes o el hecho en si. Queremos llevar la noticia antes que nadie a nuestro medio, pese a que quizás ni siquiera sea noticia. La inmediatez y el ruido generan un caos informativo que ayer e  vio reflejado en Twitter.

En apenas unas horas nos creímos que la Torre Eiffel se apagaba por las victimas de los atentados cuando es algo habitual. Viralizamos un vídeo que recogía un hecho diario en la vida de los parisinos. No era noticia, pero quisimos hacerla de todos modos. Lo mismo ocurrió con una foto del interior de la sala, que en realidad había sido tomada en otra ciudad europea varios días atrás. Ocurrió lo mismo con la foto del campo de refugiados de Calais en llamas, con el Empire State iluminado con los colores de la enseña francesa y con el tuit ofensivo de Donald Trump que en realidad era de enero de este año.

A la gente le pudo las ganas de querer informar primero, y lo que lograron fue un engaño. Más o menos inofensivo o peligroso, pero un engaño. Si he aprendido algo como profesional de la comunicación en Redes Sociales es que, antes de nada, tengo que reflexionar, investigar y dejar pasar algo de tiempo. Muchos/as no lo hicieron anoche y se retrataron.

Lo que realmente me preocupa: Pese a haber pasado más de ocho horas, sigo sin tener palabras para definir los hechos de ayer. Sólo tengo claro que no debo expresarme con ira, puesto que ésta fue culpable de la masacre. De ahí que lo único que pude decir en toda la noche se viese reflejado en un único tweet. Un tweet con una imagen que me salió del alma y que es el único comentario que me sale con claridad:

Ayer vi mucha ira en mi timeline. Vi como algunas personas sólo encontraban una respuesta ante aquellos hechos. Incluso me encontré respuestas a este tweet que mandaban a la paz al carajo y clamaban por una guerra contra el yihadismo. Es normal que durante toda la noche (y aun a estas horas) III Guerra Mundial sea TT en España.

Llevamos años luchando contra el terrorismo yihadista. Hemos desarrollado guerras contra quienes supuestamente lo auspician. Sólo en Afganistán e Iraq murieron más de 400.000 personas. Pensad en Siria, en el pasado y os encontraréis muchísimas muertes bajo el sol de la guerra. Los derramamientos de sangre no se paran con más derramamientos, más bien les damos pie a que sigan haciéndolos. Por favor, reflexionemos ante estas situaciones.

Los refugiados: Ayer en occidente vivimos de cerca el miedo que sienten los refugiados sirios. Entendimos el porqué de su exilio, viviendo en directo las razones por las que han abandonado sus casas, su tierra para alejarse de la muerte. Algunos seguirán diciendo que el terrorismo puede venir oculto entre ellos. A esas personas les invito a que reflexionen.

Datos, datos, datos… Creo que hay un problema de comprensión bastante grande con el islamismo. Quizás sea falta de educación al respecto. Sólo quiero dar una serie de datos al respecto. En este mundo hay 1300 millones de personas que practican el Islam o son musulmanas. Entre éstas, no más de 30000 son miembros de alguna fuerza terrorista o radical. Generalizar nunca ha servido para nada.

¿Sólo lloramos cuando vemos las orejas al lobo? Ayer se volvió a criticar la falta de sentimiento de tristeza de occidente cuando los ataques no se producen su tierra. Se escucharon voces que criticaban la falta de movilización o su escasez en otros sucesos trágicos. Hay quienes se avergüenzan por la gran cantidad de personas que manifestaron su dolor ante los muertos de París y que sin embargo nunca dijeron nada sobre los 120 muertos en Iraq hace unos meses.

El terrorismo es una lacra que sucede a diario en diferentes puntos del planeta. Sin embargo, reconozco que hay una buena parte de la sociedad que parece que sólo reacciona cuando éste está cerca de su hogar. Lo gracioso es que muchas personas que critican esta falta de clamor frente a otros sucesos lejanos sólo se posicionan en esos días. Muchos criticaron el silencio en el atentado de Beirut de esta semana, pero me juego el cuello a que desconocían el atentado del que he hablado en el párrafo anterior. Una vez más hubiese sido mejor callar, esperar y reflexionar.