Lo siento mucho. Me he equivocado. No volverá a ocurrir

Mi nombre es Alberto y tengo 29 años. Aprovecho este blog que es mío, pagado con el sudor de mi frente (y de otras partes de mi cuerpo), para pedir disculpas. Me gustaría pedir disculpas por haber nacido hombre. A mi favor tendré que decir que es algo que me vino ya dado. Quiero decir, cuando me quise dar cuenta, allá por los dos o tres años, ya se habían pasado los 15 días para descambiar mi sexo, así que me tuve que quedar así, heterosexual y de raza masculina. Pese a todo, pido disculpas al mundo libre (y al que no lo es) por mi condición de hombre.

Aprovecho para disculparme por otra serie de razones que bueno, no vienen al caso, pero ya que estamos en proceso de disculpas, pues oye, que se abra la veda. Pido disculpas por no ayudar más a la erradicación del hambre, a la protección del medio ambiente y a la lucha de las injusticias sociales. También me gustaría reconocer que no he hecho todo lo posible para acabar con el hambre y la pobreza en el mundo. Y tampoco puedo esconderme al hablar de la alfabetización mundial. Pido perdón por ser español, vasco, alavés, vitoriano (¡Agárramela con la mano!) y de izquierdas.

Pido perdón por haber mentido a tantos jóvenes comerciales de ONGs que me pillan por la calle. ¡Mi vida es una mierda! siempre que me pillan voy a hacer algún recado que no corre prisa, no soy tan importante como para tener una reunión o que me esté esperando alguien.  Ya que estamos, me gustaría pedir disculpas por no poder hacerme cargo de más colaboraciones con Organizaciones. Estoy colaborando con tres, y sé que quizás podría ayudar con una cuarta, ¡Pero hay tantas cosas en las que gastar el dinero!

Me gustaría pedir perdón por no hacerme eco diario de los momentos sexistas que se dan en nuestra sociedad. Tampoco pongo el grito en el aire a diario por los crímenes de pederastia o por los damnificados de los huracanes. ¡Hay tantas penurias que criticar a diario! Me es imposible ser un activista de todas las causas nobles. Si no me posiciono a diario en contra de ellas es por una buena razón: tengo una vida llena de compromisos obligatorios.

Pido disculpas por no haber pensado más en los animales, en los niños, en las plantas y hortalizas consumidas por los veganos. Pido perdón por no haber aportado más a este mundo. Y ya en clave más familiar y distendida, pido disculpas por haberme cargado una cisterna del WC en el apartamento de veraneo de hace 7 u 8 años. Y bueno, perdón por los centenares de ventosidades que me he tirado sin admitir mi culpa y aceptar las críticas.

En resumen, pido perdón por no estar pidiéndolo a diario y constantemente. O mejor dicho, por no estar trabajando en subsanar todos los males del mundo de forma ininterrumpida. Admito mi culpa y pido perdón por ello. Lo único que pido a cambio es que, si lo ves oportuno, dejes de criticarme si en, no se, una semana, no apoyo tu causa. Seguramente lo haga, pero no puedo estar en todas partes como Dios. No pido tu absolución, sino tu comprensión y respeto. Prometo no volver a generalizar ni generar odio. ¿Puedo pedirte lo mismo?

Lo dicho, lo siento mucho. Me he equivocado. No volverá a ocurrir. ¿He pedido perdón por ser hombre?

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