¿Deporte y politiqué?

Aún era un mocoso cuando escuché la primera vez esa frase hecha de “El deporte no es ni debe ser política”. Técnicamente, el deporte no deja de ser una actividad física y saludable que, llevada a ciertos niveles de competición, despierta la competitividad de la gente. Y este espíritu de competir entre nosotros nos ha llevado a elevar el deprote a las nuevas batallas y guerras sin (casi) sangre de nuestra sociedad. El deporte se ha convertido en un instrumento político, capaz de lanzar mensajes victoriosos a países antagónicos. ¿O nadie se acuerda ya del milagro sobre hielo del 80?

El deporte ha acabado siendo política gracias a todas las partes involucradas. Los aficionados han ido llenando las gradas de toda clase de símbolos políticos, las selecciones nacionales han potenciado el espíritu nacionalista con el objetivo de generar más afición hacia ellas. ¿Y los futbolistas? ¿Nadie recuerda alguno de ellos celebrando un título luciendo su enseña nacional? Las celebraciones de la final de Champions es un crisol de banderas. El deporte sólo es deporte cuando se práctica por afición. El de alta competición no es deporte, sino negocio, además de un instrumento político. Por eso, cada vez que una persona dice que el deporte sólo es eso, deporte, suelto una carcajada.

"Hooligans gegen Salafisten" und Gegenprotest in Hannover

Este tema está de moda gracias a que varias decenas de miles de personas, en un acto de pluralismo ideológico en un país democrático, pitaron el himno nacional. Ojo, entre los que pitaron dicho himno no se encontraba ningún jugador ni representante oficial de los clubes afectados. Sin embargo, los tribunales deportivos van a sancionar a las instituciones afectadas. Resulta estúpido, puesto que poco o nada podía hacer un club en esa situación. ¿Voy a tener que silenciar a mi afición, a pedirle que no se exprese de forma democrática? El mero hecho de pedir respeto hacia un himno o bandera dentro de una celebración deportiva me parece algo contradictorio si después se castiga la politización del evento.

Y ya, si lo habíamos visto casi todo, llega Nuno Silva, jugador del Jaén CF y se presenta con una camiseta con la cara de Franco en un acto oficial. Además de los memes que se han ido viendo con su camiseta y del amplio conocimiento de nombres de dictadores que hay en Twitter, se ha generado cierto debate sobre si esto es o no política, o si es o no lícito presentarse así delante de las cámaras.

Está claro que no podemos separar deporte y política, y también parece claro que los sentimientos nacionalistas, patrióticos e ideológicos aplicados al deporte acaban mal. ¿Qué podemos hacer? ¿Multamos el derecho a la pluralidad? ¿Ilegalizamos las selecciones nacionales? todas esas acciones acabarían siendo un fracaso, como poner puertas al campo. Por muchas multas que puedan poner al Barcelona, al Athletic o al Langreo, sus aficiones tendrán derecho a hablar, y probablemente lo hagan. Y pese a que el club pida por activa y por pasiva que no lo hagan y reciba más sanciones por ello, la justicia demostrará que ha fracasado. Debemos exigir respeto, de la misma forma que debemos entender que no todos/as van a pensar de la misma forma.

Algún día me gustaría que reflexionásemos acerca del hecho de pitar un himno y llegásemos a entender el por qué se ha llegado a eso. Pero me temo que exijo mucho a una sociedad que ha concedido ese don a quienes le gobiernan. Y así nos va.

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