Y ahora, qué

el 24M ya es historia. Después de meses de pre-campaña, de 15 días de campaña, de una jornada de reflexión y un puñado de sondeos, este país ya tiene nuevos gobiernos locales, regionales y autonómicos. Después de mucho tiempo, el pueblo ha votado más allá del A, B o C habitual. Se hablaba de un tiempo nuevo, de un cambio en la democracia española. Se han dicho muchas cosas, y no todas han ocurrido.

Es cierto que hoy España es más plural. Donde antes había tres colores hoy hay 5 o 6. Es cierto que las nuevas formaciones basadas en la ciudadanía hacen acto de presencia en innumerables plazas políticas. Algunas irrupciones son tan sorprendentes como las de Ada Colau o Manuela Carmena. Es cierto que ese cambio que se esperaba no ha sido tan gigante como algunos han querido, pero la España del 25 de mayo es más plural. Mejor dicho, la representación política española es más plural.

Las mayorías absolutas han desaparecido en casi todo el territorio. Los ayuntamientos y Gobiernos de hoy necesitarán del entendimiento entre dos o tres para salir adelante. Es el tiempo del pacto, del entendimiento. Aquí está el verdadero cambio del 24M. Por primera vez nos encontramos un panorama político en el que casi todos tendrán que dialogar y llegar a puntos intermedios para sacar adelante los gobiernos. Y aquí, amigos y amigas, es donde veo el mayor problema de esta situación.

Como bien apuntaba mi amigo Esteban, muchos egos tendrán que aprender a negociar porque no les va a quedar otra. Y como bien apunta, alguno acabará implosionando o algo. Porque si hay algo que me lleva a la reflexión es la capacidad de nuestros políticos para llegar a pactos. En algunos casos, porque se toma la política como si de un juego se tratase en el que o se gana o se deben pedir medidas drásticas. Ni la política es fútbol, ni debe tener el funcionamiento de éste.

Por otro lado, tenemos el miedo a los pactos. Muchos temen que un pacto les pase factura sin pensar en que quizás le convenga a su ciudad, a su región o a su provincia. Habrá quienes, por miedo a sufrir cambios dentro de unos meses, no se mojen, y generen situaciones políticas en las que sólo habrá unos perdedores: sus votantes y, ante todo, las personas a las que representan.

Llega el tiempo del cambio, pero de un cambio que tampoco muchos contemplaban. Es el momento de aceptar que en la política se puede gobernar más allá de las mayorías absolutas. El momento de demostrar que los políticos saben debatir y negociar más allá de las políticas o de los negocios oscuros. Llega la hora de demostrar la madurez política que muchos partidos dicen tener. La hora de echarle cojones y posicionarse, del dialogo y de demostrar que se puede hacer política y se está dispuesto a ello.

Toca demostrar muchas cosas. Veremos quiénes están preparados/as para ello y quienes no. Ánimo, valientes.

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