Querido Jordi Évole

Te habla alguien al que tu programa siempre le ha causado muchas reticencias. Siempre desde el respeto, Salvados nunca fue plato de mi gusto. Eso no te ha hace ser ni mejor ni peor profesional. De ahí que sólo haya visto tu trabajo en una serie de momentos puntuales. Este pasado domingo, tocaste un tema que siempre me ha apasionado. Un tema que por desgracia, lo he sentido de cerca. No pude ver el programa desde el comienzo, así que pedí consejo sobre si merecía la pena, y algunas voces en las que confío me pidieron que te diese una oportunidad.

Acabo de ver tu entrevista a Iñaki Rekarte. Después de 58 minutos, me han dado ganas de ponerme en pie y aplaudirte con todas mis fuerzas. Hablar del llamado conflicto vasco no es fácil. Diría que se ha hablado mucho, pero nunca es suficiente. Quizás hayan hablado demasiado algunos actores y actrices que, francamente, no han aportado mucho a la normalización de esta locura.

Hay que ser valiente para hablar de ETA desde la imparcialidad, sin caer en la ira o el odio. Econtraste en el testimonio de Rekarte la voz de una parte del conflicto, del problema o de lo que sea que apenas habíamos escuchado. Quizás porque no era fácil encontrar a alguien que quisiese hablar, o quizás porque no interesaba para mantener el odio. Has humanizado una figura que existe desde hace mucho tiempo en ese juego y pocos se han atrevido a enseñar. El rencor y el odio son más poderosos que el perdón.

Querido Jordi, nos has dado una maravillosa lección acerca del poder que tiene la palabra. No han sido necesarias las imágenes de las barbaries hechas por unos locos, ni el odio, ni nada para describir la realidad de este conflicto. Tu voz y la de Iñaki nos han sido suficientes para ver la realidad de una de las partes. Sin demagogia, sin dolor, sin recursos baratos. Ha sido una entrevista magnífica, emotiva y sincera como pocas. Nunca creí que acabaría escribiéndote algo así, pero lo tienes bien merecido. Porque si me tengo que quedar con algo de Iñaki, es que en esta vida la ira, el odio y el rencor no nos van a servir para nada.

Milesker, Évole jauna.

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