Arte, memoria.

Cuando tenía 14 años, mi vida era el graffiti. Me pasaba el día con un rotulador en la mano y pintarrajeaba cualquier cosa. Reconozco que no era el mejor. Quizás por eso me pasaba el día admirando las obras de otras personas. Tuve la suerte de crecer en una ciudad con un gran número de graffiteros de gran calidad. Cada semana me encontraba un nuevo mural en mi barrio o en el barrio de al lado. Días y días admirando trazos, colores, estilos…

Ha pasado mucho tiempo. Hace años que no pinto nada, pero me sigue fascinando el graffiti. He madurado, lo que ha hecho que vea el graffiti como un arte y no como un movimiento de rebeldía. Ahora es arte callejero  street art que se le llama ahora. Gente como Banksy es tratada como auténticos artistas. Y lo son, la verdad.

Me encanta el trabajo que se ha ido realizando en el casco viejo de Vitoria. Hablo del street art que guarda la zona medieval de la ciudad. Cada vez que viene algún conocido y le hago de guía, alucina con los murales que se han ido haciendo a lo largo de los últimos años. Cuando me enteré que ahora era el turno de Zaramaga, me alegré. Es un barrio que en los últimos 15 años ha sufrido una transformación increíble. Zaramaga se ha convertido en un lugar ideal para vivir. Más zonas verdes, edificios totalmente reformados… es un barrio nuevo, muy alejado de aquel barrio gris de los 60 o 70.

Equilibrista

Sin embargo, Zaramaga no olvida su pasado. No nos olvidamos de lo importante que fue esta zona residencial para tantos obreros que hicieron que Vitoria fuese un referente industrial en la zona norte. No nos olvidamos de los sucesos que nos marcaron de por vida. De todos ellos, aquel que sucedió un trágico 3 de marzo del año 1976. Zaramaga, Vitoria y todo el mundo no ha de olvidar lo que ocurrió en la iglesia de San Francisco.

El mural que se está desarrollando frente a la iglesia es algo más que arte. Va ser testigo y narrador para las próximas generaciones. Una pincelada artística llena de recuerdos que va a decorar un barrio que la acogerá con mucho gusto. Que éste sea el primero de muchos. Y que como éste, nazcan de muchas ideas, de muchas personas. Un trabajo público y abierto a todo el que se interese. Para quitarse el sombrero.

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