Recuerdo aquella noche de Diciembre. Recuerdo escribirle un mensaje saliendo del bar para hablar con ella. Despedirme de mis amigos con los nervios aflorando y ponerme rumbo a donde ella se encontraba. Llegué y estaba con unas amigas, lo cual hizo que me pusiese más nervioso. Me las presentó, pero apenas hablé con ellas. Los nervios me pudieron en aquellos primeros minutos. Cuando estuvo centrada en mí le pedí unos minutos a solas para hablar. Ella dio el OK y se despidió de sus amigas. Estando en la zona de marcha de la ciudad, buscamos un sitio más tranquilo en el que pudiésemos hablar. Andando sin rumbo fijo encontramos una calle tranquila. Allí nos apoyamos en la pared y comenzamos a hablar. Mis nervios eran notables, pero ella tampoco estaba cómoda.

Nos habíamos conocido hace un mes. Yo acababa de volver de un viaje y me quedaban libres, por lo que una tarde me decidí a invitarla a un café. Ella accedió y quedamos para conocernos. Por primera vez alguien estando conmigo estaba más nervioso que yo. Pese a ello, recuerdo aquella tarde como un encuentro apacible y bonito. Llevaba un buen tiempo hablando con ella y lo cierto es que cada día me resultaba más interesante y atractiva. Tras un viaje a Sevilla decidí que ya era hora de conocernos, así que quedamos en tomar algo y así fue. Varias semanas después me encontraba junto a ella en plena madrugada, en la calle y en pleno mes de Diciembre.

Por primera vez en mi vida, digerí mis nervios y di la cara frente a una mujer.  Planté cara a la situación. Hablé de mis sentimientos, de cómo veía las cosas, del presente y del futuro. Cerca de una hora de charla en la que cada uno opinó y puso sus cartas sobre la mesa. A veces parecía que había nacido una nueva pareja, en otros momentos parecía que aquello resultaría una utopía. Pasaron los minutos y aquella chica tuvo que ponerse rumbo a su casa. Esta vez Cenicienta pidió un Taxi y dejó el carruaje para otro día. Llamó para pedir uno y yo aun seguía sin saber a ciencia cierta si mi soltería había llegado a su fin. Nunca en la historia de la  humanidad un taxi había llegado tan pronto a recoger a su cliente. En apenas dos minutos el taxi llegó para llevar a aquella chica a su casa. Cuando ella se puso camino al coche, le pedí que me contestase a la pregunta. Recuerdo haberle dicho algo así como “Entonces, ¿Quieres salir conmigo?”. Ella se giro justo delante de la puerta trasera del coche y me dijo: “¿Si ahora me voy sin darte una respuesta sería una gran cabronada, verdad?”. Respondí que si con gesto serio. Ella soltó un “Ah” y dos segundos después dijo “Si”. Se subió al taxi y éste se perdió por la carretera. Pasó un minuto hasta que reaccioné. Un largo minuto en el que no dije nada, no pensé nada, ni siquiera me moví. Reaccioné y me puse rumbo a casa.  Recuerdo llamar a mis amigos y decirles que ella me había dicho “Si”. Recuerdo lo feliz que fui. Una gran noche, la verdad. Esa fue la escena más cinematográfica de mi vida, con ella diciéndome que si desde el coche. Fue una jodida escena de cine clásico, algo irrepetible, la verdad.

Me apetecía compartir ese momento con vosotros.

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